Por: Luis Carvajal Basto

¿Nadie quiere con el Polo?

El rechazo del candidato Petro a los apoyos provenientes de su antiguo partido, revela el difícil momento político de esa organización, pero también el predominio de la imagen y el oportunismo en la política colombiana, por encima de los principios, así como la fragilidad de los nuevos partidos.

La historia del PDA  se parece a la de muchas estrellas de Rock a las que  termina destruyendolas su éxito. Al ganar y repetir Alcaldía en Bogotá  y luego del colapso administrativo y los escándalos de corrupción, ni su fundador, el ex alcalde Garzón, ni ahora Gustavo Petro, quieren saber nada de él.”Si te he visto, no me acuerdo” parecería ser el eslogan de moda allí.

Sobre estas actitudes  se pueden hacer algunas reflexiones aun más esclarecedoras ¿Alguien se imaginaba, hace apenas un par de años, la alianza  tácita entre Garzón y el ex Presidente Uribe para promover la candidatura de Enrique Peñalosa?, ¿Son tan flexibles los principios? , ¿No resulta por lo menos raro, que los sectores Liberales que respaldaron las alcaldías del Polo no digan ni pio? Aunque eso puede tener una explicación: se encuentran ocupados  con su ingreso a la coalición de gobierno del Presidente Santos de quien, muchos de ellos, denostaron los ocho años anteriores.

Luego de lo observado y faltando el desfile de líderes que renunciarán al Polo para respaldar la candidatura de Petro, en quien ven ahora posibilidades de ganar de nuevo la alcaldía, queda uno preguntándose cuál es el sector de opinión al que lo que queda de ese Partido representa y cuál será el futuro de las llamadas fuerzas de izquierdas, derrotadas esta vez no por la falta de espacios y oportunidades, que permanentemente han denunciado, sino por la corrupción y el caos en su gestión de gobierno.

Por supuesto que, pese a lo sucedido en Bogotá, nadie puede equivocarse pensando que la corrupción o la mala gestión son “atributos” exclusivos de ese Partido. Siendo, más bien, males muy graves de nuestra política. El asunto es que el Polo, como Petro y Garzón, edificaron su discurso por años, y todavía lo hacen, señalando que se trataba de enfermedades endémicas de los partidos tradicionales que en su administración no se observarían. Más o menos el mismo deslinde que ahora Petro quiere establecer con sus ex, prometiendo que una eventual administración suya será diferente.

Nuestros nuevos políticos no son tan nuevos pero se ocupan de aparecer como si lo fueran. No importa que deban renunciar a los partidos a que pertenecieron o construyeron. Esa forma de transfuguismo no se encuentra suficientemente reglada y necesitaremos de la maduración de la última reforma política y varias más, para proscribirla de nuestras costumbre políticas. Mientras tanto veremos la manera en que estos avispados se quedan ante la opinión con el género y sin el pecado de sus responsabilidades, el cual adjudican como patrimonio, en este caso pasivo, a sus antiguos partidos.

Mientras cosas así ocurren en la escena política, todo indica que Colombia tiene y tendrá una oportunidad de oro en lo económico: las cifras de empleo son las mejores en muchos años y los niveles de inversión  y la dinámica interna hacen presumir que el crecimiento se mantendrá, en un momento en que se pronostica un florecimiento de Latinoamérica ante la crisis de otras economías. Pero necesitamos de partidos  sólidos y seriedad en los políticos, comenzando por los llamados de izquierda que durante tanto tiempo la reclamaron.

POSDATA: A propósito del ex alcalde Garzón queda comprometido con la declaración que rindió el ex funcionario del IDU, Inocencio Meléndez publicada ayer por El Espectador. Al desmentirlo, Dijo que Garzón no solo sabía sino que fue quien ordenó los contratos de la fase tres de Transmilenio. Esperemos que responda a la fiscalía, a la opinión y a los miembros del Partido Verde.
 

 

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