Por: Brigitte LG Baptiste

Nairo, sostenible

La mejor manera de entender la sostenibilidad es ver a un campeón del ciclismo descendiendo a toda velocidad en una ruta llena de curvas peligrosas y estrechas con un aguacero en el rostro. También, ver a un temerario distribuidor de Rappi o a un juicioso estudiante recorrer las cada vez más abundantes ciclovías de las ciudades colombianas: hay tal compenetración entre el “caballito de acero” y su jinete, que es fácil entender la unidad de la biología y la cultura. Un ciclista es, como se dice que pensaban los indígenas de los jinetes conquistadores, un organismo complejo, una nueva especie que existe solo en movimiento, en medio de un equilibrio dinámico que requiere un ajuste instantáneo de las fuerzas físicas, biológicas y cognitivas que permiten recorrer una trayectoria, y siempre hacia adelante. El ciclista cuántico Prigogine lo tenía bien claro: no hay reversa.

La sostenibilidad, como atributo de los sistemas complejos, es una cualidad que se cultiva, se fomenta, se incita y se desarrolla. Se puede medir. Nada puede existir con sostenibilidad nula, tampoco existe un “estado perfecto” sostenible, pues no hay manera de que el ciclista pedalee perpetuamente: está obligado a cambiar de estado de tanto en tanto y romper ese maravilloso estado híbrido en el que son tan importantes las comunidades de microorganismos intestinales del deportista como la eficiencia del mecanismo de frenado o de intercambio de velocidades, la agudeza de los sentidos (en especial la sinestesia) y la capacidad de procesamiento de la información ambiental, que afectan constantemente el equilibrio. Un ciclista vive permanentemente en riesgo de caída y, sin embargo, lo asume. Un ciclista es un modelo de incertidumbre que se resuelve a cada instante con eficiencia y alegría.

Cuando una persona decide emprender una travesía en bicicleta para llamar la atención acerca de la protección de la danta de montaña, como Paulo Quintero en Pereira, está iniciando un viaje que depende de su existencia como sistema sostenible. Si no come bien, si no entrena, si no recibe el apoyo de las personas a quienes visita para llevar su mensaje de conservación, no existe: un ciclista quieto es todo potencia, todo frustración. Todo emprendimiento en la vida requiere esa perspectiva de conectividad y convergencia de fuerzas biológicas, físicas y culturales para llegar a una meta y reiniciar otro trayecto, porque moverse es su naturaleza y emprender es un propósito de la voluntad que para llegar a feliz término requiere conciencia profunda de las condiciones que le mantienen en movimiento.

La idea de emprendimiento sostenible emerge como un llamado a que todas las actividades humanas reflexionen acerca de sus propuestas de transformar el mundo con el criterio del viajero en bicicleta; es decir, con la conciencia de que es necesario mantener un equilibrio dinámico, creativo y gozoso, además de eficiente, sin un sentido único: llegar a una meta incluye la posibilidad de muchas modalidades, del paseo lento y divagador hasta el trayecto veloz y competitivo. En bicicleta se goza la incertidumbre.

Los nuevos tiempos requieren formarnos en sostenibilidad para que todo emprendimiento, público o privado, individual o colectivo, sea fructífero y esté en armonía con la funcionalidad de los ecosistemas. Es la apuesta por la adaptación que hace una cultura también capaz de construir bicicletas virtuales para volver a recorrer el mundo, felices.

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2019-09-04T15:15:17-05:00

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2019-09-04T16:21:55-05:00

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