Naranjo en la vida real

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Hace una semana María Isabel Rueda, en El Tiempo, escribió sobre el general Óscar Naranjo, haciéndole claramente un acto de justicia y reconocimiento. El propio general hace unos días concedió una entrevista a ese diario refiriéndose a la serie El general Naranjo, de la que dijo: “A la serie de televisión le ha ido muy bien, a mí no tanto”.

Pero no quiero referirme a eso, porque a mí la serie me gustó y además entiendo que los libretistas, productores y directores tienen ciertas licencias (recuerdo, de una vez, que yo trabajo en Caracol Televisión).

Déjenme hablar del general Óscar Naranjo que yo conozco desde hace más de 20 años, cuando él era teniente coronel. Las Farc secuestraron a quien en ese momento era mi jefe en el noticiero Hora Cero, el periodista Guillermo la Chiva Cortés. Naranjo, en su condición de director de la DIPOL, le ayudó a la familia con un juicio y rigor que me impresionaron mucho.

El general Naranjo es inteligente, preparado, cuidadoso, sofisticado, transparente, íntegro y, entre otras cualidades, confiable. Jamás, en las reuniones que hemos tenido, lo he oído hablar mal de nadie excepto de los criminales que combatió y capturó durante sus 36 años como oficial de la policía. Por supuesto, no podemos esperar que los delincuentes que metió en la cárcel hablen bien de él. Es claro que el general Óscar Naranjo dejó mucha gente tendida en el campo. Ese era su oficio. Es más, si hablaran bien de él, esto querría decir que hizo mal las cosas.

Será tan leal el general que incluso hace unos días defendió algunas de las cosas buenas que en su momento hizo el general Miguel Maza, hoy condenado a 30 años de prisión por el crimen de Galán y a quien la serie de televisión no deja bien parado. Recuerda Naranjo en su entrevista en El Tiempo la labor de los generales Gómez Padilla y Rosso José Serrano en su lucha contra los carteles de Medellín y Cali y del exfiscal Gómez Méndez, ciudadanos ejemplares que no aparecen en la serie, pero que lucharon contra la ilegalidad. Con esto Naranjo nos quiere decir que él no estuvo solo en su lucha en contra de los delincuentes. Eso demuestra su integridad.

Les recomiendo que se lean el libro de Julio Sánchez titulado Óscar Naranjo, el general de las mil batallas, pues las preguntas son pensadas con profesionalismo y no hay una sola respuesta que no sea meticulosa e inteligentemente contestada. Sin embargo, pienso que al general Naranjo siempre es mejor oírlo que leerlo, porque es un ser humano excepcional.

Lamentable que el general Naranjo haya decidido retirarse de la vida pública para dedicarse a su familia, pues tanto él como Alfonso Gómez Méndez serían excelentes presidentes ahora que no vemos ningún candidato que conozca como ellos este país tan complicado. Y no digo que hagan fórmula, porque ambos han dicho que debemos volver a la figura del designado, asunto en el que coincido con ellos y con Humberto de la Calle, que dice lo mismo.

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