Por: Catalina Ruiz-Navarro

“Narcos”

Siempre tuve sentimientos encontrados con la serie Narcos, que ya va para su tercera temporada y es un éxito internacional en Netflix. Al principio no la vi por el fastidio de tener que revivir lo que veía de niña en los noticieros. Luego, para no quedarme atrás, decidí que la vería, pero con la condición de verme antes El patrón del mal, la producción colombiana que cuenta la historia de Pablo Escobar.

El patrón del mal es una serie que no funciona para Netflix porque se pensó como una telenovela, con ritmos de un capítulo diario de media hora y con la intención de tener a la gente pegada al televisor durante un año entero. En ese entonces (que parece un tiempo muy lejano) no hacíamos streaming de los audiovisuales, sino que nos sentábamos muy juiciosos a ver la televisión a una hora determinada, y si te perdiste el capítulo, de malas. ¿Recuerdan los tiempos en que el Congreso paraba para ver Café? Esos tiempos han cambiado, y mi generación prefiere esto de las series, que es un intermedio entre telenovela y película y que uno puede echarse en la comodidad de su casa en 13 horas un fin de semana (y después dicen que los millennials no podemos concentrarnos en algo). Así que nadie ve El patrón del mal en Netflix. Es insostenible, toca estar realmente clavado con el tema para soportar las horas y horas de historia interrumpidas cada tanto por la pegajosa canción de Systema Solar.

Sin embargo, El patrón del mal tiene muchas virtudes. Es una historia que cuenta con respeto, porque está hecha para un público que vivió todo eso y que fácilmente puede señalar los errores históricos. Esto quiere decir que, aunque es una novela, es una novela en donde los datos históricos importan. El patrón del mal además hace un excelente retrato de Escobar: un gordito bienhablado y encantador que en un dos por tres se convertía en uno de los monstruos psicópatas más grandes que ha parido Colombia. Además, y aunque a veces con demasiado melodrama y cursilería, El patrón del mal nos cuenta quiénes fueron los héroes en esa guerra de colombianos contra colombianos: y esto es importante porque nos ayuda a construir figuras locales a las que podemos admirar (algo que rara vez hacemos en Colombia).

Luego de algo así como un mes de ver El patrón del mal empecé a ver Narcos. Excelente dirección de arte, sí. Pero resulta que Escobar es un macho-man que hasta abdominales tiene, y no logra ese característico acento paisa que es importante porque se siente a la vez tan dulce y tan peligroso. La historia, claro, está contada vertiginosamente, hay explosiones, un héroe gringo que viene de la DEA a este país “del tercer mundo”, y después de unos capítulos la serie se hace adictiva. Sin embargo, cuando me di cuenta de que de la historia habían borrado a Guillermo Cano, uno de los héroes más importantes, porque fue quien desenmascaró a Escobar, y cuando Carlos Galán aparece apenas como un personaje secundario, dije: ¡ya no la puedo ver más!

Hoy sabemos que en 1968 el presidente Nixon se inventó “la guerra contra las drogas” para encarcelar a los negros y a los hippies y así mermar la influencia de los grupos que se oponían a la guerra en Vietnam. El invento fue un negociazo porque neutralizó a sus enemigos y EE. UU. logró vender muchísimas armas para que el conflicto se diera en los países productores. De esa guerra inventada nosotros pusimos los muertos. Y tampoco nos salvó la DEA, porque la tal guerra sigue en el continente, ya que el negocio sigue siendo rentable. Sin embargo, en Narcos, son los gringos quienes nos salvan. Los mismos gringos que se inventaron este problema en primer lugar. Y ahora hacen una serie, con cero interés por la historia (lo cual no suele ser importante, pero aquí sí) y se entretienen viendo cómo colombianos mataron a colombianos, y ¡peor! se lucran de este entretenimiento.

No dudo que Narcos sea una buena serie en términos estrictamente estéticos: tiene un ritmo vertiginoso, grandes actores, en fin, los gringos son expertos en este tipo de productos. Pero desde el punto de vista ético, me enoja que nieguen a nuestros héroes y heroínas en esta historia, y que se entretengan con nuestro dolor comiendo crispetas en la casa. Y nadie dice que no se puede hacer una serie sobre Escobar que sea ficcionada, pero es demasiado pronto para poner de moda el “look Narcos” (vaciándolo de toda perspectiva histórica) y endiosar a un hombre tan violento, que dejó millones de muertos que siguen vivos en la memoria de sus familias.

@Catalinapordios

 

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