Por: Roberto Arenas Bonilla

Narcotráfico: ¿hasta cuándo?

EL NUEVO DEBATE ACERCA DE LA lucha contra el narcotráfico me ha hecho reflexionar otra vez sobre el tema. La primera preocupación que me surge es: ¿hasta cuándo estaremos los colombianos condenados a padecer las desastrosas consecuencias del narcotráfico, negocio ilícito que se organiza para satisfacer una demanda que en su inmenso porcentaje está más allá de nuestras fronteras?

De ese negocio ilícito hay que distinguir dos componentes: el de la salud pública por los efectos nocivos de su consumo y el de los delitos conexos que genera la comercialización de la droga. Ambos son problemas que atañen a los Estados de los países involucrados. Colombia, es cierto, enfrenta ambos componentes, pero el de los delitos conexos, al cual me referiré en este artículo, es el que viene destruyendo bases y principios de la sociedad que veníamos construyendo, que es preciso rescatar. Para ello es necesario conocer y aceptar el origen del problema y poder así valorar la política adoptada.

La realidad es que la política para acabar con el narcotráfico la definió Estados Unidos como medida de seguridad nacional, centrando el énfasis en la erradicación de los cultivos ilícitos. Se asumía que al reducir la oferta se incrementarían los precios, reduciéndose la demanda. Ello no se dio pues la demanda continuó y la oferta se mantuvo. Sin embargo, en Colombia en la lucha contra el narcotráfico se viene aplicando esa política durante más de tres décadas y el problema continúa. Se puede afirmar que en ese sentido la política ha sido un fracaso.

El fabuloso negocio ilícito se mantiene y Colombia sigue sufriendo las desastrosas consecuencias de los delitos conexos: millares de ciudadanos sacrificados, entre ellos candidatos presidenciales, ministros, magistrados, jerarcas de la Iglesia, directores y periodistas de la prensa escrita y hablada, líderes sindicales y comunitarios, exponentes del deporte y miembros de las fuerzas públicas; la profundización y extensión de la corrupción a los distintos sectores de la actividad nacional; la erosión institucional y la pérdida de principios fundamentales y éticos como el respeto a la vida. Además, los billones de pesos que Colombia ha tenido que aportar a esta infructuosa lucha constituyen un enorme sacrificio dado su producto interno bruto y limita la inversión en el desarrollo social y en la infraestructura que se requiere.

Teniendo en cuenta las anteriores consideraciones, he venido opinando reiteradamente sobre la necesidad de que Colombia les solicite con firmeza a la comunidad internacional y a los países amigos, principiando por los Estados Unidos, la necesidad de revaluar la estrategia contra el narcotráfico con el fin de encontrar una salida efectiva que nos libere de esta desafortunada y destructiva situación. Los sacrificios y desgracias que hemos padecido por cuenta de ese ilícito negocio durante más de treinta años, nos autorizan para esperar una respuesta positiva a una solicitud como esta.

 

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