IV Encuentro de Liderazgos LGBT: A enfrentar el conservadurismo religioso

hace 1 día
Por: Columnista invitado EE

¿Lo natural es mejor que lo artificial?

Pocos temas generan tanto debate en reuniones sociales como este aparente dilema. Muchas personas no se dan cuenta de que están hablando de sustancias químicas prácticamente idénticas, cuya estructura, función e interacciones desconocen por completo.

Como en política, religión o fútbol, se vale cualquier argumento apasionado para hacer valer o imponer mis respetables creencias sobre lo bueno y lo malo. Algunos de los lectores con formación en ciencias naturales o, por lo menos, con respeto por ellas, saben de qué les hablo.

Cuando escucho las bondades casi mágicas del vegetarianismo o de la innegable toxicidad de todo aquello que no venga directamente de una granja orgánica, quedo algo confundido. Es verdad que el agua es maravillosa, ojalá sea muy limpia, pero eso sí, sin haber pasado por una embotelladora o procesamiento industrial, pues puede perder su magia sanadora. Muchos muertos se los debemos a aguas cristalinas pero con invisibles cantidades de bacterias y parásitos “orgánicos”, por no decir minerales tóxicos.

Los verdaderos conocedores de la bioquímica vegetal saben la inmensa cantidad de sustancias tóxicas y mortales que contienen frutos, hojas y tallos silvestres. Las consecuencias letales de vegetales maravillosos como la hoja del tabaco y la coca las atendemos diariamente en nuestros hospitales, naturalmente.

Por otra parte, existen muchas personas a las que “no les gustan los químicos”. Vale la pena recordarles que los seres humanos somos básicamente una maravillosa interacción de reacciones químicas complejas. Hasta nuestras ideas brillantes y manifestaciones artísticas son reacciones químicas de altísima complejidad y velocidad que serían imposibles sin sales, metales, cargas iónicas, fuerzas moleculares y cambios estructurales. Negar la histórica transformación de la medicina hacia lo artificial, con los antibióticos, las vacunas, la anestesia, la quimioterapia, las moléculas que bajan la presión arterial o el colesterol o hasta la famosa aspirina, sería como pretender volver a comunicarnos con señales de humo o telégrafo en la era 4G. Muchos de los grandes progresos de la ciencia y la tecnología se deben al paso de lo natural a lo artificial.

Nada en contra de una deliciosa fruta bien cultivada, sin plagas ni parásitos, lavada y preparada con agua procesada pura. Si se me suben el azúcar, la presión y el colesterol por esta profunda revelación, ojalá reciba por parte de mi médico productos artificiales de altísima calidad y seguridad. Gracias a Dios que nos regaló la naturaleza y a la ciencia.

* Especialista en medicina interna y doctorado en medicina del deporte.

 

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