Por: Julio Carrizosa Umaña

Naturaleza premiada y sus culpas

Si el Nobel fue para las víctimas, también lo merecen los ecosistemas objeto de deterioro durante setenta años, y ese galardón debería motivar la iniciación de su restauración.

Pero debemos aceptar que las características del ambiente colombiano, de sus ecosistemas, especialmente su alta complejidad, han sido causas de la persistencia de la guerra.

La guerrilla difícilmente hubiera sobrevivido los primeros años si no existieran tantos y tan intrincados refugios selváticos que fueron escondites eficientes y duraderos, en donde no sólo era casi imposible detectarlos sino podían pasar temporadas largas gracias a la abundancia de las aguas y a la posibilidad de alimentarse cazando y recogiendo frutas y raíces.

Cuando, a principios de la década de los ochenta, los grupos guerrilleros estaban más debilitados, fueron las características de los ecosistemas las que ayudaron a su fortalecimiento. El narcotráfico no hubiera surgido con tanta fuerza si Colombia no estuviera situada en el vértice norte de la América del Sur, sobre dos océanos, a poca distancia de los consumidores.

No hubiera sido tan fácil producir marihuana y hoja de coca si las arcillas de las cordilleras colombianas, su combinación con cenizas volcánicas y la alta precipitación no constituyeran el hábitat óptimo para estas especies.

La soledad, la lejanía y el abundante follaje de la selva húmeda constituyeron refugio ideal para la instalación de los laboratorios que fueron el fundamento del vigor de los carteles.Fue en esos paisajes aislados y seguros en donde confluyeron los intereses de los criminales y de algunos jefes guerrilleros.

Las características de los ecosistemas colombianos han sido causa de las dificultades que se han encontrado para que los pequeños productores obtengan buenos ingresos y también obstaculizan los procesos de concentración de capital en las actividades empresariales rurales. La agricultura, la ganadería y la minería no son fáciles en las vertientes de las tres cordilleras debido a sus características geológicas, geomorfológicas, edafológicas y ecológicas.

Finalmente, en los ecosistemas colombianos también se encuentran magníficos vivideros que explican el rápido aumento de la población, pero proporcionan ejércitos de desempleados, de gentes en extrema pobreza, de comunidades vulnerables de donde la guerra ha extraído por fuerza o por necesidad soldados y guerrilleros. Todo esto fue premiado por la Academia noruega y ahora nos toca comprenderlo y solucionarlo.

 

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