Por: Cartas de los lectores

Naufragio

Pronostican que el cadavérico Partido Liberal va a chocar contra el iceberg de la consulta del 19 de noviembre. No es mala idea que den la orden de avanzar a toda máquina para dar cristiana sepultura a ese zombi.

No es necesario insistir en el desastre institucional de Colombia y la asfixia que nos espera. Conocemos sus causas, pero pocos entienden las consecuencias de esta tragedia. Contrario a la inminente colisión del Partido Liberal, ya el Titanic Colombia chocó con el iceberg Farc-santista.

¿Qué haremos los antioqueños ante esta cruda realidad? Como en Venezuela, ¿nos ahogaremos en el mar castrochavista con el resto de los colombianos? Los antioqueños hemos reaccionado según las circunstancias. No hemos permanecido impasibles.

En La política antioqueña, 1904-1946, el historiador Jorge Orlando Melo nos dice: “En 1924 se creó la Junta Colombiana Antioqueña como respuesta a los ataques a Antioquia por el posible ferrocarril a Urabá. Entre 1926 y 1929 se formaron juntas cívicas patrióticas para impulsar la carretera al mar. En 1934 se formó otro movimiento descentralista impulsado por varias personalidades, entre ellas Fernando Gómez Martínez y por El Colombiano, que insistía en sus editoriales: Antioquia es federalista”.

Ejemplos hay muchos. Nos han atacado y nos hemos defendido. Aún en pleno siglo XXI, el centralismo nos quiere quitar parte de nuestro territorio en Urabá.

Hasta hoy hemos pertenecido a Colombia. El despotismo de los últimos siete años le entregó el Estado de derecho a una minoría totalitaria y nos obliga, ya no a un federalismo, sino a un separatismo. Si en Cataluña se quieren separar de España contrariando la legitimidad, los antioqueños debemos separarnos de Colombia porque el país perdió su legitimidad convirtiéndose en un Estado fallido. Los hechos claman acciones.

Es grave no entender la realidad. Ingenuamente, muchos creen que con el barco haciendo agua un cambio de capitán en el 2018 será suficiente pata retomar el rumbo perdido. Ilusos. Ya no tenemos barco. Minucias electorales inhiben comprender que el barco se hundió. Hay sucesos que no queremos ver.

Ante el evidente naufragio colombiano tienen que soplar en Antioquia vientos de legítima separación. Ahora que aún es posible, los antioqueños debemos ponernos el salvavidas separatista y llegar a puerto seguro. ¿Alarmismo? No. Negamos los acontecimientos y solemos confundir la realidad con el pesimismo.

El siniestro obliga a que unos se vayan con su patrimonio para el exterior, mientras a otros los llama el creador en el momento preciso.

Hoy, como antes, nos toca apelar a lo que nos queda: el regionalismo.

Jorge Henao.

 

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