Por: Luis I. Sandoval M.

¡Navarro: caballero de la política!

Pocas veces se encuentra en la política una persona que compite airosamente y que gana o pierde gallardamente. Una de ellas, excepcional en los tiempos que corren, es Antonio José Navarro Wolff (Pasto, 1948). Su derrota frente a Claudia López en la encuesta del partido Alianza Verde para definir candidatura a la Alcaldía de Bogotá, en lugar de ponerlo en la sombra, hace que su figura adquiera nuevo brillo. En todos los medios se le respeta y admira. La gente del común quiere a Navarro.

Tengo recuerdo de Navarro desde el tiempo de la tregua en el gobierno de Belisario Betancur. Nos encontramos solos por un rato largo cuando aún no habían llegado otras personas a una reunión de intercambio político. Me hizo, en cascada, preguntas agudas sobre el sindicalismo y otros movimientos sociales mientras miraba por la ventana que daba a la carrera 10ª. El día 23 de mayo de 1985 le hicieron el atentado en Cali y ese fue también el día en que murió mi padre de paro fulminante a las siete de la noche en el instante exacto en que daban la noticia del atentado.

Imposible olvidar el momento de una decisión transcendental que Navarro tuvo que tomar con ocasión del asesinato de Carlos Pizarro en un avión, cuando ya se movía por el país como candidato presidencial. Navarro fue vocero del M-19 que, a pesar de la enorme tragedia, sin fisura resolvió continuar adelante con el proceso de paz: ¡Vamos a enterrar a Carlos en paz! Esa decisión, tomada sin ninguna vacilación, lo enaltece a él y a su movimiento.

Firmada la paz con el M-19 al final del gobierno de Virgilio Barco y elegido presidente de la República César Gaviria (1990-1994), éste nombra al ingeniero sanitario que es Antonio Navarro como ministro de Salud. Sale del Ministerio para encabezar la lista de Alianza Democrática M-19 a la Asamblea Nacional Constituyente que sesiona durante todo el primer semestre de 1991.

Seguí casi a diario su desempeño como copresidente de la Asamblea. Fue ese un proceso sorprendente que ponía en el escenario político a una guerrilla que había firmado la paz y que, en ese momento, premiada por la opinión con amplio respaldo de votos, contribuía a forjar un nuevo pacto social y político. Ejemplo de un tránsito exitoso de la guerra a la paz.

En el 2003, cuando el Instituto María Cano (Ismac) llegó a los 25 años, lo tuvimos como orador central en acto de celebración, muy concurrido, que tuvo lugar en el Salón Esmeralda del Hotel Tequendama. Se trató sobre la construcción de un sujeto político plural, un movimiento democrático de amplia convergencia para ser alternativa. A partir del 2005 compartimos militancia en el Polo Democrático Alternativo (PDA). En diciembre de 2009 lo visité en su despacho, junto con Luis Eduardo Celis, mientras era gobernador de Nariño. Estaba la ciudad de Pasto en pleno Carnaval de Blancos y Negros, el cual se vio engalanado con las luces provenientes del volcán Galeras que hizo erupción precisamente en esos días.

La noble madera de que está hecho Navarro, no solo su pata de palo, la ha podido apreciar el país más cuando pierde una contienda que cuando la gana. Navarro ha perdido las elecciones o las consultas para la Presidencia (1990, 1994, 2006, 2018), pero ha ganado Alcaldía (Pasto 1995-1997) y Gobernación (Nariño 2008-2011), ganó curul en Cámara (1998-2002) y curul en Senado en dos períodos (2002-2006 y 2014-2018). Navarro sabe competir en el juego democrático de pluralidad, sabe ganar sin envanecerse y sabe perder sin amargura.

Lo digo porque me correspondió, en los días gloriosos del Polo (2006), ver muy de cerca el formidable espectáculo de la consulta interna entre Antonio Navarro y Carlos Gaviria que ganó este último. Tampoco aquí vaciló Navarro en aceptar la derrota y en ponerse al servicio de la campaña del ganador. Lo propio hace en la presente coyuntura.

Creo que Navarro va a entrar a la galería de personajes que no fueron presidentes pero que la gente los recuerda como si lo hubieran sido: Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, Álvaro Gómez Hurtado, Luis Carlos Galán. Sacrificados todos, salvado milagrosamente del sacrificio Antonio Navarro. Este hombre persistente, lúcido, pragmático, pero fuertemente anclado en una visión ambiciosa de democracia transformadora, es considerado por tirios y troyanos un verdadero caballero de la política. No se enriquece con la política, limpiamente está al servicio de lo público.

Fue el mejor alcalde del país, el mejor gobernador, pudo ser un excelente alcalde de Bogotá, excelente presidente. Las cosas no se dieron; Navarro, en cambio, lo dio todo; el país no le ha dado a Navarro todo lo que se merece.

Navarro seguirá siendo un constructor insomne de primera línea de un país que transita trabajosamente de una semidemocracia poblada de violencias a una democracia creciente sin violencia. Continuará siendo, sin duda, el caballero de la política que conocemos. Se cuenta entre las figuras que generan esperanza y suscitan confianza. Qué importante en un país donde la política se ha envilecido tanto que lo que genera es asco y zozobra.

@luisisandoval[email protected]

 

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