Por: Uriel Ortiz Soto
Comunidad y desarrollo

Navidad: tiempo de paz, amor y reconciliación

Indudablemente, la Navidad es la ocasión para entrar en un proceso de reflexión y de meditación, puesto que ocurre ya finalizando el año, nos permite hacer una evaluación de los aciertos y desaciertos obtenidos, pero también de las dificultades que se nos presentaron en el ejercicio de nuestras actividades cotidianas.

La reingeniería de nuestra vida debe hacerse justamente en Navidad, con el fin de reforzar lo bueno en nuestros proyectos de vida, pero también para corregir lo malo que nos haya podido suceder, con culpa o sin ella; por acción o por omisión. Muchas veces en nuestro cotidiano convivir y fuera de nuestra voluntad, se cometen acciones indebidas que hieren a nuestros semejantes, por lo tanto la época navideña es la ocasión para reunirnos con ellos y pedirles perdón.

Hay hechos o acciones positivos o negativos en nuestro diario convivir y en razón de nuestro oficio, por humilde que sea, que dejan huellas en nuestras familias, sitios de trabajo, comunidades o semejantes; por eso, desde el punto de vista de nuestras acciones: comunidad y desarrollo, debemos interpretarlas y manejarlas adecuadamente sin herir susceptibilidades.

Pero, lamentablemente, durante un año pueden ocurrir hechos violentos y catastróficos, por ejemplo: cuando una familia de bien que ha sido modelo de comportamiento social se ve obnubilada socialmente por un acto delictivo de uno de sus miembros, este aspecto hay que entenderlo y comprenderlo desde el punto de vista de los estados de convivencia de la persona que ha delinquido, siempre evaluando las características de modo, tiempo y lugar de cómo ocurrieron los hechos.

Las palabras paz, amor y reconciliación deben ser llevadas a los cenáculos de la comprensión y del entendimiento, a través de un diálogo abierto y sincero, sin prevenciones, siempre mirando a los ojos de las personas que se sienten ofendidas por una de nuestra acciones que, aunque muchas veces justas, no dejan de ser equivocadas o inoportunas: personal, familiar, social o colectivamente.

El acuerdo de paz que firmó el Gobierno con la guerrilla de las Farc indudablemente tiene sus aciertos y desaciertos, sin embargo, quienes somos amigos de la paz y reconciliación para nuestro país debemos aceptar que muchas veces hay en los campos de batalla y al frente un enemigo que nos  mantuvo encañonados por más de 50 años; es preciso analizar las circunstancias en que se ha venido desarrollando el acuerdo, para finalmente colocarlo a consideración de los colombianos,  que son los que justamente han venido generando un interesante debate de aprobación o desaprobación según las circunstancias en que sucedieron los hechos.

La palabra reconciliación reviste mayor preponderancia en la implementación del acuerdo de paz, sin embargo, tanto Gobierno como directivos del nuevo partido de las Farc deben tener en cuenta que son millones las víctimas que esperan ser resarcidas en sus daños y perjuicios causados por una guerra sin ideales claros.

Sin querer levantar el colchón para mirar las heridas de la guerra, tanto Gobierno como directivos del nuevo partido de las Farc, en estos tiempos de Navidad, deben buscar lugares y oportunidad propicia para reencontrarse con las víctimas de la guerra: viudas, huérfanos, mujeres violadas y desplazados, para que mediante un mensaje de Navidad y año nuevo se fijen claros derroteros que permitan a las partes llegar al entendimiento final.

Si se logra implementar el acuerdo de paz, con cumplimiento de la agenda acordad en La Habana, Cuba, podemos estar seguros de que el 2018 será un año maravilloso para Colombia, no obstante las dificultades que se nos puedan presentar en el camino.

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