Por: Nicolás Rodríguez

Navidad y narcotráfico

Ya es costumbre que en Navidad algún vivaracho con poder lance sus memorias noveladas.

Es lo que Papá Noel cree que nos merecemos por mal comportamiento. En esta ocasión el turno fue para Andrés Pastrana, quien vuelve a recordarnos con lógica de reencauche y sin ningún interés real en el futuro del país, que el narcotráfico permeó al Estado.

Sin embargo, es lo mismo que han dicho las Farc desde La Habana. Y como el Pastrana navideño, tienen toda la razón en que el narcotráfico lo penetró todo. Incluidas ellas mismas, como quiera que han aceptado que les cobran un impuesto a los cultivadores de coca, lo que ya es un avance considerable.

Por supuesto, queda por explorar el lado b de esa inocente participación. Pues en su deseo por diferenciarse de los narcotraficantes a secas, las Farc se hacen pasar por humanitarios intermediarios y reguladores, omitiendo que con su supuesta neutralidad también le son funcionales a un sistema de explotación capitalista que no se compadece de los eslabones más débiles que dicen representar. Para ser marxistas hay algo que no cuadra.

Dos tensiones han quedado al descubierto. La primera es la que existe entre la dimensión social del cultivo y el carácter empresarial-criminal de las redes que lo comercializan. Un atolladero que difícilmente encontrará solución en expresiones como la de Humberto de la Calle, quien después de varias décadas de hostigamiento estatal y veneno rociado ha dicho en tono paternalista que “queremos que nuestros campesinos dejen atrás definitivamente estos cultivos”.

Y la segunda es la que nace del desencuentro entre posibles acuerdos internos y realidad prohibicionista en lo internacional. Dicho a manera de pregunta: ¿Habrá alguna capacidad real de impulsar un viraje en la política internacional de drogas? ¿Acaso puede hacerse algo al respecto con esta ensimismada clase política tan preocupada por vender libros y casar peleas entre afortunados huéspedes del Palacio de Nariño?

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