Por: Laura Juliana Muñoz
Entre líneas

Necesarios como los lobos

Pregunté sobre el camino del escritor a ella, a Marina Colasanti, que está más allá de ese camino, y me dijo: “Hay que estar preparado para el fracaso. Hay que prenderse del cuello de la escritura como si esta fuese un perro que se sacude, para no caer”.

La primera historia que leí de esta artista y escritora brasileña fue La joven tejedora. No era un cuento de hadas tradicional, era una metáfora del paso del tiempo, una relectura de la Penélope de Homero para las mujeres que tejen y entristecen a la sombra de un hombre para el que nada es suficiente; era, sobre todo, un bellísimo poema para niños y para adultos: “Hebra clara para comenzar el día. Delicado trazo de luz, que iba pasando entre los hilos extendidos, mientras allá afuera la claridad de la mañana dibujaba el horizonte”.

“Los cuentos de hadas son tan reales y necesarios como los lobos”, aseguró Colasanti en la charla que tuvimos en la Fiesta del Libro de Medellín. Habló de un tiempo en que los lobos fueron casi erradicados y la población de venados se hizo incontrolable. Asimismo se quitó de los cuentos de hadas lo humano, las lágrimas, el cuerno del unicornio clavado en el pecho de una princesa. Sólo ahora estamos entendiendo que para los niños es necesario sacar a la luz sus miedos.

Las princesas de cuentos de hadas también pasaron por el filtro de hombres que las querían dóciles, mudas. Incluso, indicó Colasanti, los hermanos Grimm tomaron las historias que las mujeres contaban en los pueblos y nunca les dieron el crédito.

María, una niña del público, levantó la mano y preguntó por qué se hizo escritora. “Para ser independiente”, respondió, “porque no quería atender a las normas de la casa de mi padre”. Quería construir su propia casa.

Quedamos encantados, en palabras de los cuentos de hadas, del telar de palabras de esta mujer a quien hace apenas unas semanas le fue otorgado el XIII Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil “por la calidad literaria de su obra expresada en el rico lenguaje poético, el elogio a la fantasía y el uso y dominio de lo simbólico”.

Y dice “de su obra” que no sólo está hecha de cuentos, sino también de poesía, crónica, ensayo y escritos en prosa. Si hay algo que persiste en cada uno de los géneros por los que se mueve es ese gusto por el detalle, como en Breve historia de un pequeño amor, uno mis libros favoritos. Colasanti es una observadora de lo mínimo, una domadora de lobos, una tejedora de mundos, especialmente de los que viven en el interior de cada personaje.

@julianadelaurel

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