Por: Santiago Montenegro

Necesitamos más debate

POR UNA CURIOSA TRADICIÓN, EN Colombia siempre se propone una nueva ley o un cambio a la Constitución para resolver los grandes problemas del país.

No niego que, algunas veces, cambios normativos y aun enmiendas a la Carta Magna pueden ser necesarios para revolver problemas o crisis. Pero, me temo que en muchos casos la resolución de los problemas requiere acciones en dimensiones diferentes. Por dar sólo un ejemplo, se ha propuesto que el problema de las concesiones de carreteras se puede resolver con una nueva ley que crea una agencia para la infraestructura que reemplace al actual Inco. He vuelto a leer los términos de referencia de este instituto y los encuentro inmejorables. Su problema no radica en su estructura o en su organigrama o en la definición de sus funciones, sino en las personas que lo han dirigido, en el clientelismo que lo devoró, en su falta absoluta de control y en un Ministerio de Transporte que se derrumbó. Así, lo que requieren ese instituto y ese ministerio son especialmente personas competentes, dedicadas, honradas y con ética. Ese es el enfoque que está aplicando el ministro Germán Cardona y, por eso, creo que los resultados vendrán más pronto que tarde y vendrán bien.

Pero, más que revolver problemas, lo que necesitamos es una institucionalidad orientada a prevenirlos, a introducir mecanismos de alertas tempranas, de llamados de atención. Quizá allí radique la brecha entre las sociedades más avanzadas y la nuestra. En varios escritos y columnas he insistido en la importancia de información de calidad para la buena gobernabilidad. La información es como el agua para el pez. Sin agua, el pez muere; sin buena información no puede haber buen gobierno. Lo que la información de calidad produce, además de permitir planear, programar, ejecutar y evaluar apropiadamente las políticas públicas, es involucrar a la opinión pública, a los organismos de control, a la oposición, a la academia, en las acciones y omisiones del gobierno y del Estado. Así, una información de calidad es un insumo esencial para la existencia de una esfera pública con su extraordinario poder de comunicar y unir a sujetos con disparidad de opiniones y actitudes, sin eliminar sus diferencias. Para Jürgen Habermas, el estado de avance o atraso de las democracias puede ser medido por el pulso que tenga su esfera pública política y, por eso, es crucial estimular la consolidación de un vibrante proceso discursivo de formación de la opinión pública.

Yo creo que eso nos hace mucha falta en Colombia. Por supuesto, aquí tenemos una prensa libre que denuncia, interroga, hace preguntas. Pero, me temo que la brecha con los países maduros de Europa y Norteamérica es muy grande y lo es también con otros más cercanos, como Chile y Argentina. Y eso se palpa de inmediato en el papel que juega la televisión, que sigue siendo por excelencia el medio masivo de formación. En Francia, Reino Unido, Alemania, Canadá o Chile, a diario y durante horas se presentan debates, en los llamados horarios triple A, entre políticos, académicos y ministros, sobre los temas candentes de cada país. Ese es el bien público que nos hace mucha falta en Colombia. Y, por ser un bien público, tiene que crearlo el Estado subsidiando espacios de opinión en los canales públicos y también en los privados. Más que nuevas leyes, lo que necesitamos es una cultura permanente de debates estructurados sobre los grandes problemas del país entre el gobierno, la oposición y la academia.

 

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