Por: Hernando Roa Suárez

Necesitamos un presidente estadista

Estamos a tiempo para generar  procesos y coaliciones que converjan en la elección del Presidente que necesitamos, queremos y esperamos.

Y ¿qué es un estadista?  Como su nombre lo indica,  es un hombre de estado. Un   político que tiene la capacidad comprensiva de los aspectos más significativos de las variables política, económica, social, cultural, ambiental y de la manera como deben dirigirse las relaciones  internacionales, en el mundo contemporáneo. No olvidemos  que Colombia tuvo estadistas en el siglo XX. Tres ejemplos de ellos fueron: López Pumarejo y su primer gobierno (1934 – 38); Lleras Camargo y su período  (1958 – 62); y Lleras Restrepo y su gobierno (1966 – 70). Ellos actuaron con el conocimiento,  la grandeza, la delicadeza y la consagración que deben acompañar a quien los colombianos honramos al designarlos  como  primeros mandatarios de la Nación.

Ahora bien, hace decenios  que amplios sectores de colombianos estamos ahítos de las incompetencias, indelicadezas, corruptelas, leguleyadas y politiquerías de quienes han accedido a la Presidencia de la República y, en los últimos años, también, al Congreso. Ellos han abusado de la generosidad y, a veces, de la ingenuidad, pobreza e ignorancia de algunos sectores mayoritarios nacionales. Pero, ahí está la historia para señalar a quienes sirvieron con dedicación, conocimiento y eticidad, y quienes se beneficiaron y enriquecieron en el ejercicio del mando. Ahora, en 2010, es un momento histórico significante para que repensemos la conveniencia de elegir estadistas y no buscadores y beneficiarios del poder político, algunos sicopatologizados por el ejercicio del poder.

¿Cuál sería el perfil de un estadista democrático para nuestro tiempo? En  búsqueda de respuestas y sin pretensiones de sistematización, me dí a la tarea de dialogar, en los últimos meses, con profesionales, universitarios de diversas regiones, personas  de diferentes espectros sociales de Bogotá, campesinos boyacenses y grupos de la costa caribe. Acerquémonos entonces, a presentar algunas de sus respuestas significativas e interrelacionadas.

Queremos un civilista respetuoso de los derechos humanos y del fuero de los militares, que ejerza legítimamente como Comandante en Jefe de las fuerzas armadas. Que conozca el funcionamiento complementario de las tres ramas del poder público y que, consecuente con las tendencias del último decenio en América Latina y el mundo, gobierne organizando estructuralmente el sistema de pesos y contrapesos e impida la concentración del poder en el ejecutivo. Confiamos tener un Jefe de Estado que sea capaz de conducir y definir el proceso de paz, no sólo con la acción represiva, sino mediante acuerdos políticos y decisiones de autoridad encaminadas a atacar las causas de la injusticia social.

Esperamos tener un presidente que fortalezca la Corte Constitucional, la Corte Suprema de Justicia, la Procuraduría, la Fiscalía, la Contraloría y la Contaduría. Que gobierne en la Casa de Nariño, asesorado por los colombianos mejor capacitados y comprometidos con un Programa previamente definido; que designe a sus ministros para realizar un proyecto nacional que tenga como ejes la  descentralización, la regionalización y la democratización. En cuanto a la administración y la gestión pública profesional, anhelamos que promueva, al más alto nivel, la formación de recursos humanos con vocación de servicio.

Tenemos urgencia de un presidente que conozca la diversidad regional y aborde la nueva configuración de los procesos urbanos y rurales;  que haya estudiado las deficiencias existentes en los campos de la vivienda, la educación, el trabajo, la salud, la cultura, la seguridad, el vestido, la recreación y el medio ambiente, y proponga alternativas viables para solucionar las injusticias histórico-estructurales. Que sepa articular las políticas monetaria, fiscal, cambiaria, exportadora, cafetera, minera y petrolera…, con metas realistas que faciliten la redistribución de los ingresos y el desarrollo nacional.

Deseamos elegir un primer mandatario que fortalezca las relaciones de Colombia con el resto del mundo, especialmente con los latinoamericanos, y sepa ampliar nuestros mercados promoviendo las exportaciones, aprovechando las excepcionales riquezas nacionales, incluyendo la industria y el conocimiento. Así mismo, que promueva alternativas actualizadas para nuestras amplias zonas fronterizas.

Confiamos poder elegir un presidente  que por su experiencia y vocación de servicio a Colombia, congregue la capacidad productiva de los  gremios y concerte, con los líderes sindicales, políticas  que permitan dinamizar un desarrollo integral, que no identifique el desarrollo con el mero crecimiento económico. Que a sabiendas de la vocación agropecuaria colombiana, fortalezca la modernización del sector y de sus instituciones, protegiendo a los más pobres.

Necesitamos un presidente que esté dispuesto a articular la ciencia y la tecnología y comprenda el gran poder que ellas tienen como fuerzas dinamizadoras de nuestra sociedad. Que, preservando la libertad de prensa, agencie una política con los medios de comunicación, de tal manera,que estando abiertos a los avances del mundo, fortalezcamos los valores nacionales con conciencia latinoamericana e impulsemos nuestra identidad múltiple y cohesión social, como Nación progresista e igualitaria. Así mismo, que defina planes, programas y proyectos para la preservación, conservación y disfrute de nuestro patrimonio cultural, artístico e histórico.

Anhelamos un primer  mandatario que dé a la mujer la participación propia de su calidad intelectual y capacidad administrativa, demostrada en el ejercicio de la función pública. Deseamos que impulse una moderna organización deportiva que consolide y fortalezca las potencialidades nacionales al respecto.

Complementariamente, me permito enunciar temas (1) en torno a los cuales se pueden adelantar diálogos entre diversos partidos y movimientos que permitan concretar políticas en torno a: la reducción de la pobreza y la miseria, con un enfoque de equidad; la consecución de la paz y la seguridad ciudadana; la defensa de la democracia y del Estado Social de Derecho; la erradicación de la corrupción y la politiquería; la reconstrucción de la ética ciudadana; la preparación para enfrentar el cambio climático; la recuperación del desarrollo económico mundial; la amenaza del proteccionismo en el comercio internacional; la lucha contra el narcotráfico y el paramilitarismo; y el respeto a los derechos humanos.

En fin, los demócratas progresistas debemos ser convocados por un Presidente que nos permita seguir trabajando para cristalizar una Nación democrática, justa (con estructuras que organicen la equidad ante el poder); pacífica (con ausencia de violencia abierta y estructural); y libre (sin sometimiento a potencia mundial alguna e interrelacionada con todas las naciones); y con capacidad de institucionalizar un proceso de desarrollo sostenible. Tomemos distancia: observemos que estamos a tiempo para generar procesos y coaliciones que converjan en la elección del presidente que necesitamos, queremos y esperamos, para trabajar por Colombia con conocimiento, consagración y eticidad.

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(1) Insinúo al lector complementar este artículo con el publicado por el autor sobre: La elección presidencial. Propuestas. elespectador.com, marzo 2 de  2010 y el Programa del Partido Liberal 2010. Por La Paz, La Libertad y La Equidad. Documentos de trabajo I.P.L., vol.8.

 

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