Necropolítica y coronavirus

El filósofo camerunés Achille Mbembe trae un concepto que es clave para la filosofía y política contemporáneas, y decisivo para entender las pandemias recientes, como el coronavirus. Para Mbembe la expresión máxima de soberanía recae en el poder y la capacidad de dictar quién puede vivir y quién debe morir. Estas condiciones se fundan en ideas y construcciones culturales que están en la base del imaginario de eso que llamamos Estado, y que hoy, con el avance de la pandemia, muestran sus consecuencias de forma más inmediata. En su centro, se trata de cómo estas construcciones ideológicas les dan valor a unas vidas y a otras no.

Clara Valverde Gefaell, experta en biopolítica y profesora de enfermería durante décadas, autora del libro De la necropolítica neoliberal a la empatía radical, define a esos y esas excluidas por los Estados, los, las (¡y les!) que pueden morir sin consecuencias, como “los que no son rentables para el poder ni para implementar sus políticas. Son los que no producen ni consumen, los que, de alguna manera, sin querer y sin saberlo en la mayoría de los casos, solo existiendo, ponen en evidencia la crueldad del neoliberalismo y sus desigualdades”. Y añade: “En esta sociedad neoliberal, muchísima gente que ahora no está en apuros podría fácilmente estarlo. Si uno enferma, pierde el trabajo, etc., las políticas neoliberales le descartarán como si fuera basura”. Las protestas de las personas que temen morir de hambre en el sur de Bogotá —y que luego son gaseadas por el Esmad—; la incertidumbre y el miedo que viven hoy las personas trans en la misma ciudad, cuando la policía tiene la tarea de vigilarlas para ver si su género es “real” y por lo tanto se ajustan a la absurda medida del pico y género; las mujeres que con el confinamiento se enfrentan al feminicidio en sus propios hogares, para quienes prácticamente no existe un lugar seguro, nos hablan de todos esos seres humanos que son periféricos y marginales a lo que imaginamos cuando pensamos en “la sociedad”.

En Necropolitics, Mbembe también habla de la medicina y dice (la traducción es mía): “La función primaria del ejercicio de la medicina no es la erradicación absoluta de la enfermedad o la supresión de la muerte o el alcance definitivo de la inmortalidad. El ser humano ‘enfermo’ es el ser humano sin familia, sin amor, sin relaciones humanas y sin comunión con la comunidad. Es la persona a quien le han negado la posibilidad de un encuentro auténtico con otros seres humanos con quienes no comparte vínculos de origen o descendencia”.

Y esto lo podemos observar en las mismas poblaciones citadas arriba: lo que protege en este momento a la comunidad de personas trans no es el Estado, sino las redes de convivencia que ellas mismas han construido a pulso. Las mujeres más vulnerables al feminicidio o la violencia doméstica son aquellas que están más aisladas, que no tienen a dónde ir ni a quién contarle lo que pasa y que tampoco tienen acceso a la información para comunicarse con las líneas de atención a la ciudadanía. La cuarentena ha mostrado que el número de pobres en Colombia era mucho mayor al registrado oficialmente. Es probable que la precariedad en las zonas rurales sea mucho peor de lo que el Gobierno estima, y los y las desalojadas de los inquilinatos son en su mayoría migrantes venezolanos cuyas ciudadanías son, evidentemente, de segunda categoría. Como dice Mónica Uribe en Razón Pública: “Ser pobre se convirtió en el mayor factor de riesgo en esta pandemia porque: ¿cómo guardar el distanciamiento cuando se vive en hacinamiento?, ¿cómo lavarse las manos si no se cuenta con este servicio?, ¿cómo quedarse en casa si no hay comida?”. Esas son las preguntas que tienen que contestar de forma pública y urgente los gobiernos locales y el Gobierno nacional.

@Catalinapordios

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