Por: Álvaro Camacho Guizado

¿Negociaciones unilaterales?

EL GOBIERNO ACABA DE HACER UN nuevo gesto unilateral que busca que guerrilleros de las Farc que están en las cárceles se acojan a la Ley de Justicia y Paz, y, de paso, dejen de formar parte de los canjeables por los secuestrados.

Más allá de los requisitos para que los candidatos se puedan acoger —que son verdaderamente engorrosos: intervienen los Ministerios del Interior y Defensa, la Fiscalía y el Comité Operativo para la Dejación de Armas; y exigen a los candidatos que repudien a la organización a la que pertenecieron, revelen los delitos cometidos y den información que conduzca a recuperar secuestrados y de paso a desmantelar a las Farc. Y todo esto lo deben hacer en público. Casi nada—, se trata de una nueva movida en una dirección que ha mostrado hasta la saciedad que no funciona: los gestos unilaterales del Gobierno siempre tienen la misma respuesta arrogante por parte del Secretariado: “no fuimos consultados”.

Las jerarquías de las Farc saben bien que la mayoría de los guerrilleros presos ya dejaron de pertenecer a la organización, y que muchos de verdad están dispuestos a confesar viejos delitos  (“participé en el combate tal”, “me tomé el pueblo cual”) con el propósito de salir de la cárcel. Más aún, no sería extraño que de nuevo se infiltraran algunos oportunistas (¿le dice algo a los lectores el nombre de  Olivo Saldaña? Un pretendido guerrillero que ha montado una farsa con el propósito de salir libre).

 Todo esto quiere decir que a las Farc ni les va ni les viene que el Gobierno suelte a ex miembros de su organización, a quienes repetidamente han considerado desertores.

 Pero el problema parece ser que el Gobierno no quiere aceptar que las Farc han desarrollado un principio de negociación al que se han apegado sistemáticamente: sólo es aceptable lo que surja de su iniciativa y los beneficie políticamente. Y soltar desertores no es ningún beneficio.

Las Farc se han aferrado tanto a este principio que no tienen inconveniente en burlarse del presidente Sarkozy, ni de los embajadores de España y Suiza, ni de las jerarquías eclesiásticas. Ni les importa hacer quedar mal a Chávez. Entonces, ¿por qué insistir en los movimientos unilaterales? ¿Para quedar bien con una opinión pública que así ratifica la actitud soberbia de las Farc, aunque no produzca resultados positivos? ¿Es un gesto más en la guerra retórica y jurídica, pero inútil en un proceso de liberación de secuestrados?

Cualquier persona que haya leído algo sobre negociación de conflictos sabe que las iniciativas unilaterales deben tener al menos una probabilidad de éxito, entendido éste como un proceso que mueve a la contraparte a modificar su estrategia de negociación, y así al menos deja conocer sus intenciones. Pero si esa contraparte muestra consistencia en sus respuestas, y éstas son siempre negativas, lo menos que se puede hacer es modificar la estrategia, si es que se busca negociar, lo que implica que el otro responda con algún gesto que conduzca a establecer un punto negociable. Pero si lo que se quiere es demostrar que se tiene la razón, que se es generoso en las concesiones y que a través de éstas se busca una nueva derrota del adversario ante los ojos de terceros, al mostrarlo como un terco intransigente,  resulta que la estrategia ya ha sido reiterada y desgastada, y no producirá nada nuevo.

En efecto, si el Gobierno quiere desacreditar a las Farc al mostrarse magnánimo y ofrecer gestos de acercamiento, siempre rechazados, parecería que es un esfuerzo un poco inútil, en la medida en que ya las Farc están suficientemente desacreditadas,  y que un gesto más no les hace mucha mella en sus convicciones. Y mucho menos cuando se trata de negociar la liberación de secuestrados de primera importancia mundial por la de unos cuantos desertores, despreciables a los ojos de los revolucionarios puros.

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