Por: Columnista invitado EE

Negociando con tiburones

Por: Luis Fernando Ospina Vanegas

En el agitado y no pocas veces sangriento escenario de la política, Colombia es en sí misma un gigantesco tanque lleno de tiburones.

Y como pasa siempre, los ataques también se dan por temporadas y en los mismos sitios. Estamos en plena temporada de tiburones, porque están en marcha los tiempos de negociación.

El turno le ha correspondido al presidente Iván Duque y como si estuviera en pleno reality televisivo, ha entrado al set para negociar con tiburones.

Su producto estrella es el Plan Nacional de Desarrollo “Pacto por la Equidad, Pacto por Colombia", y busca que los tiburones que están al otro lado de la mesa se lo compren, porque ofrece legalidad, emprendimiento y equidad.

Esa empresa llamada Colombia vale 1.100 billones de pesos y espera dar mejores dividendos en los próximos cuatro años. Es acá cuando se abre el apetito de los tiburones. Cómo morder parte de esa gigantesca torta burocrática.

Y para tiburones hambrientos, las comunidades indígenas, los afrodescendientes, los congresistas, los opositores, los jueces, los maestros y los empresarios. Todos ahora envalentonados y dispuestos a imponer sus condiciones y sacar el mejor provecho de las negociaciones.

El “Shark Tank”  es en horario “prime time”, sólo que el presidente está en Casa de Nariño y los tiburones regados por todo el país.

A los indígenas del sur del país no les interesan los 10 billones de pesos que ofrece el Gobierno dentro de su Plan de Desarrollo y entonces bloquean la vía Panamericana y ponen en jaque la economía de tres departamentos y los ingresos de millones de colombianos.

Los maestros, esos sí verdaderos “maestros” en negociar para beneficio de unos pocos, se van a paro y dejan sin estudio a millones de niños, mientras no se ven representados por quienes el año pasado paralizaron al país y lograron que el Gobierno destinara para 2019 no menos de 4,5 billones para educación superior.

Los empresarios, leales a su propio interés, ven como amenaza todo lo que huele a impuestos y mejoras salariales para los trabajadores, pero se sienten interpretados cuando el emprendedor de turno, esto es, el Presidente, les reduce la carga tributaria y les amplía las exenciones a través de la llamada Ley de Financiamiento, tal como parece ser está pasando con algunos artículos del Plan de Desarrollo.

Los congresistas, incluidos los que están en la oposición, se frotan las manos y comienzan a tirar cuentas sobre lo que pueden obtener en la “negociación” con el Gobierno, que ahora no sólo necesita una hoja de ruta para los próximos cuatro años, sino que tendrá que sacar lo mejor de su “economía naranja” para conseguir que el Congreso apruebe las objeciones a los seis artículos de la JEP.

No es suficiente para los congresistas haber aprobado que el 20 por ciento del presupuesto de las regalías pueden ser destinados a proyectos que ellos mismos van a priorizar en sus regiones, en una clara aplicación de lo que en el gobierno Santos se conoció como mermelada, un producto exitoso y de bajo costo que bien podría servirle a Duque para venderles a los tiburones su Pacto por Colombia.

Por ahora, otros tiburones “están fuera” pero no quietos. Sólo esperan atacar cuando las condiciones lo permitan. Pronto veremos los apetitos de los jueces, de las comunidades negras, de los transportadores, de los mineros y de los campesinos que siguen atrapados en los cultivos de uso ilícito. Unos y otros, tratando que el emprendedor Duque les ofrezca un producto que satisfaga sus intereses, les genere alta rentabilidad y les cueste poco a cambio. Bastará con decirle al Presidente que ese precio que está dispuesto a pagarles por su apoyo no es suficiente, porque el anterior concursante, Juan Manuel Santos, ya les había dado el doble por lo mismo.

 

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