Por: Lisandro Duque Naranjo

“Nel blu dipinto di blu”

HOY CITARÉ FRASES ESCUCHADAS AL azar en los medios. Para que nos entretengamos o nos ofusquemos un poco. Después de todo es domingo.

Hay veces en que la inexactitud es lo que constituye la gracia de una expresión. Esta semana, un celador de La Tebaida, rodeado de curiosos, dijo en una entrevista haber visto a un duende en una casa abandonada. Ayudándose con las manos, el testigo describió así la aparición: “Era un espectro electromagnético como de 32 centímetros”.

A veces, es lo bobo de una frase lo que la hace inolvidable. El periodista Hassan Nassar, de “360 grados”, en la edición dedicada a la huelga de los pilotos de Avianca, exhortó a estos profesionales a que se contentaran con el salario que tienen, de $11 millones mensuales, en vista de que “los aviones prácticamente se manejan solos, y durante el vuelo los pilotos pueden ir leyendo historietas”.

Y hay casos en que la imperfección gramatical  es lo que ennoblece lo dicho. En un noticiero le escuché lo siguiente a un ciudadano a propósito del asesinato de su hijo a manos de un fanático futbolero: “Espero que este crimen no se quede impugne. Yo le dije a mi hijo que no saliera a la calle con esa camiseta, pero él no me hizo caso omiso”. Mis respetos a ese papá, un César Vallejo instintivo.

Para solucionar la violencia de las barras bravas, un funcionario de la Cámara de Comercio propuso “obligarlas a que se registren como empresas, con certificado de constitución y gerencia”. Le faltó el Rut.

En “Hora 20”, un barra brava propuso “analizar los factores estrógenos que influyen en la conducta de los jóvenes aficionados al fútbol”.

Otros exabruptos verbales sí llegan a fastidiar, por ser pronunciados por “profesionales” que deberían cumplir la obligación de respetar a sus interlocutores y a su audiencia. Iba en taxi el miércoles, y tuve que oír un programa radial de orientación sentimental, conducido por un par de pelados, muchacha y muchacho, pasados de coloquiales. A la emisora llamó una señora compungida “para participar en el programa”, muy incauta ella al suponer que encontraría alivio a sus pesares, y les dijo: “Llevo 12 años de casada, y mi marido casi no viene a dormir, pues se la pasa tomando trago con sus amigotes. ¿Qué debo hacer?”. La respuesta de la locutora fue esta: “¿Han habido temporadas en que el man no es así?”. “Sí, pero hace años. Ya no”, dijo la mujer, escuchándole luego esto a la consejera: “Entonces paila, señora, ese man es una caspa y tiene otra. Záfelo”.

No llega a esos extremos Néstor Morales, veterano periodista y lo que se quiera, pero desde que llegó a la dirección de noticias de Blu Radio perdió el sentido de la pluralidad que lo caracterizó antaño y se comporta con algunos de sus compañeros de mesa como un acérrimo defensor del establecimiento, con regaños al aire y todo. A Laura Gil, una juiciosa analista internacional —quien abordaba el conflicto con Nicaragua sin la mediocridad autoencubridora del gremio de expresidentes, exceptuando Samper—, contribuyó a aburrirla, haciéndose el loco frente a las descortesías a que la sometía Felipe Zuleta. La sustituyó con una periodista honorable, Alejandra Villamizar, que vamos a ver cuánto dura. En cuanto a Héctor Riveros, un jurista y politólogo equilibrado —lo que en ese combo lo convierte en ultrarradical—, le puso al frente a Rafael Guarín, un exviceministro de Defensa que habla por instrumentos, como si esa fuera la emisora de la Policía. Casi, casi. Al que cada vez arrincona más Néstor —con órdenes desobligantes tipo “¡No más, no más!”—, es a Aurelio Suárez, un tipazo de izquierda, tan vehemente como versado en los temas a que se refiere. Creo que se está dejando manosear demasiado y debiera proceder antes de que le digan “volare”. Las fisuras del sistema no dan para tanto, compañero.

 

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