Por: Humberto de la Calle

Nepotismo

La cuestión del nepotismo se ha ensombrecido. Antes, el asunto era matemático. Pariente en el gobierno, escándalo seguro.

Ahora hay variantes.

Vale Cristina Kirchner por sí misma? Y, al revés: si vale, ¿puede su vínculo marital privarla de sus derechos? Bueno, ¿pero qué tal Evita Perón? Era una líder, aun sin ayuda de su esposo, repondrá alguien. ¿E Isabelita, una simple corista?

Hay que reconocer que la justa liberación de la mujer y su capacidad de incursionar exitosamente en el mercado laboral le han dado un nuevo matiz al nepotismo.

El caso de Venezuela es patético.


Como lo recordó Héctor Abad (Semana 26-XI-07), “a nivel personal, quizás lo que menos convence en el comportamiento ético del Presidente sea la situación de sus familiares más cercanos”. Adán Chávez, hermano, es ministro de Educación. Hugo de los Reyes es gobernador de Barinas. Otros hermanos trabajan en el servicio exterior y otro ha aumentado sus propiedades rurales pese a la lucha del Presidente contra el latifundio.

Pero la misma sociedad venezolana que mayoritariamente acepta esto, fue la que provocó la silbatina bíblica que obligó al técnico de la selección de fútbol a dejar su puesto. Richard Páez, el hombre que llevó el fútbol venezolano de la ignominia a los laureles, tras una serie de triunfos sorprendentes, empates heroicos y derrotas dignas —hasta acumular hoy 6 preciosos puntos para su clasificación—, tuvo que renunciar cuando el estadio de San Cristóbal, a voz en cuello, coreó el nombre de su hijo, Ricardo David Páez, quien había ingresado al campo de juego, obviamente, por orden de su padre, exigiendo su expulsión, no se sabe si por deficiencias técnicas del hijo o anomalías éticas del padre.

Pero no vale cargarle la mano al llamado tercer mundo. Un caso patético, porque además tenía su adobo sexual, fue el de Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, quien favoreció con un salario artificialmente elevado a su amada —o, al menos, amante— Saha Riza. Aquí sí que no vale, a diferencia del jugador Páez, discutir si Saha tenía facultades burocráticas superlativas. La almohada no es sitio para ese tipo de evaluaciones. Y menos si en ella reposa la cabeza de la bella Saha al lado del dedo gordo de Paul que atraviesa enhiesto e hiriente un huraco descomunal en una media asquerosa.

El canciller Araújo incurrió en lo que los sajones llaman error of judgment al permitir que su hijo permaneciera en la Embajada en Washington, pensando que la falta de sueldo oficial era garantía suficiente. La incisiva Claudia Morales llevó al Ministro a las arenas movedizas de la visa de turista y los desconocidos emolumentos del delfín.

Quizás se inspiró el Ministro en los antecedentes de los presidentes López y Turbay, que nombraron parientes en la secretaría privada. Pero este es un caso diferente. El problema es el carácter representativo de la Misión diplomática.

Hubo miopía de Araújo. Pero en realidad es un caso de petite nepotisme que tampoco da para un gran escándalo.

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Tuvo que venir Sarkozy a llenar el vacío: casi nadie responsabilizó explícitamente a Marulanda por la vida de los secuestrados. Y mientras la muerte de un policía a manos de la Eta revivió aquellas jornadas m emorables en las que toda la dirigencia española protestó, en Colombia la carta de Íngrid fue recibida con más división. Algunos sectores guardaron silencio. Intercambio ya, antes de que eche por tierra lo que nos queda de unión nacional.

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