Por: Cecilia Orozco Tascón

Néstor Humberto Martínez Neira: ¿un mentiroso compulsivo?

Con todas las cualidades de sapiencia, inteligencia, importancia social y prestancia profesional que le atribuían sus defensores al “mejor abogado de Colombia”, ese que el dios bondadoso nos puso como fiscal general, la estantería se le viene encima a Néstor Humberto Martínez Neira, el personaje que anunció su “renuncia irrevocable” del cargo debido a que su “conciencia y devoción por el Estado de derecho” le impedían continuar con su trabajo titánico de enderezar la justicia del país. ¡El Señor nos proteja, gimieron sus aduladores cuando su vacío nos habría dejado un caos institucional imposible de reparar! El cataclismo sucedió hace apenas mes y medio. Y ya empiezan a conocerse los motivos menos glamorosos que condujeron al retiro del señor Martínez: a menos de 15 días de su huida al exterior (en donde vive en la opulencia, gracias al disfrute de las riquezas que amasó aquí mientras era abogado de personas más ricas que él y, simultánea o alternativamente incidía en el curso de los asuntos de su interés privado con las influencias de sus posiciones oficiales), El Espectador reveló los “tropiezos” que enfrentó el fiscal ad hoc Leonardo Espinosa, en su intento por investigar los tres casos relacionados con la megacorrupción de Odebrecht que le fueron asignados tardíamente, cuando era imparable el escándalo por el bulto de inhabilidades legales y éticas del individuo que dirigía la Fiscalía General. Con la suavidad de un diplomático, Espinosa calificó, en el informe de actividades que remitió a la Corte Suprema, de “irregularidades” e “inconsistencias” los obstáculos que le pusieron Martínez Neira y su vicefiscal con el objeto de frenar el avance de su tarea: cada vez que el ad hoc solicitaba el envío de los expedientes que requería, se encontraba con marañas de papeles sin orden, índices o inventarios que le hacían imposible la comprensión de los documentos; con demoras, piezas incompletas, excusas sobre reservas judiciales inexistentes e, incluso, con la entrega de copias ilegibles. Espinosa encontró, de otro lado, que la Fiscalía de Martínez archivó, de manera prematura, un proceso; no emitió órdenes de captura en el tiempo exigido; dejó de imputar los cargos más graves a los brasileros voceros de Odebrecht en Bogotá y permitió que uno de los extranjeros trasladara $900 millones de sus cuentas colombianas a otras en el extranjero, días después de que los dineros habían sido detectados por el CTI.

Un mes más tarde, el domingo 30 de junio recién pasado, El Espectador publicó un artículo de colección: “Otra versión de la renuncia de Néstor Humberto Martínez”. En resumen, el informe detalla que “al menos ocho fuentes relacionadas con la Corte Suprema aseguran que la idea de apartar a Martínez de todos los casos de Odebrecht había cogido buen impulso”. Y añade que “(el exfiscal) se enteró semanas antes de presentar su dimisión irrevocable por el caso Santrich”. La traducción sencilla de las frases anteriores es la siguiente: la renuncia de Martínez Neira, supuestamente por la indignación que le produjo el manejo judicial del proceso Santrich, no tenía nada que ver con ese asunto. La verdad monda y lironda era que la Sala Plena de la Corte Suprema —electora del fiscal— estaba discutiendo si le pedía que se apartara del cargo, lo destituía o lo retiraba del conocimiento del 100 % de los expedientes de Odebrecht por sus graves impedimentos en el caso.

Y para cerrar los descubrimientos sobre la compleja personalidad de aquel que pretendió ser ejemplo de rectitud y honradez intelectual, material y judicial, el columnista Daniel Coronell revela en su columna de Semana que en una conversación telefónica que sostuvo con el corrupto fiscal anticorrupción de Martínez, Luis Gustavo Moreno, preso en Estados Unidos, este aceptó que tiene información sobre el exfiscal general que “le puede interesar a la justicia”, según pregunta que le formuló el comentarista. “Claro que sí, Daniel, claro que sí”, respondió Moreno al interrogante preciso de Coronell. Moreno, además, admitió que (además del exmagistrado Leonidas Bustos) fue seleccionado para ese puesto clave por su jefe, con el apoyo de alguien que “influenció de manera trascendental en que yo fuera nombrado… con unos fines y unas tareas específicas”.

Mi conclusión es que, desoyendo a los pocos que entonces nos opusimos con argumentos serios a la elección de Martínez, el país político, judicial y mediático entronizó en la Fiscalía General a un mentiroso compulsivo. Y a un sujeto peligroso, entre otros ámbitos, para la moralidad pública.

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2019-07-04T11:21:11-05:00

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2019-07-04T11:35:55-05:00

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Néstor Humberto Martínez Neira: ¿un mentiroso compulsivo?

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