Por: Gonzalo Silva Rivas

Ni amable ni humano

Cuando un visitante aterriza en Bogotá lo primero que le hace poner los pies sobre la tierra es el caos en el transporte público y en la movilidad.

Se tropieza con un sistema deficiente, inseguro, lento y de difícil acceso. Termina envuelto -como sucede con quienes acá habitamos -dentro de un torbellino de dificultades, y resulta víctima de un anárquico, apático y pésimo servicio.

Basta observar a millares de turistas perplejos que abordan la estación de buses más cercana al aeropuerto o a la Terminal de Transportes, sin saber de qué manera proceder ni a quién acudir. O verlos literalmente en la luna, deambulando y confundidos entre las troncales, atrapados por los problemas de infraestructura, accesibilidad y facilidades, en los que el sistema acusa gran retraso.

La ausencia de información clara y útil en TransMilenio es absoluta. Falta mayor convivencia con las redes sociales. No existen folletos indicativos ni mapas de consulta. Las piezas gráficas de los módulos son incompletas y confusas. La nomenclatura de rutas carece de explicación lógica. Los avisos luminosos externos de los articulados anuncian de todo menos hacia dónde se dirigen. Los internos -que alertan sobre la cercanía de paraderos- no funcionan en toda la flota. Y, de contera, es común la equivocada información que sobre los itinerarios suministran los trabajadores de la empresa o de Misión Bogotá a los pasajeros.

A lo anterior, habría que añadirle los problemas de sobreoferta e inseguridad en los buses, las congestiones y la proliferación de vendedores ambulantes en las estaciones, el pésimo estado de la malla vial y los trancones vehiculares, la pérdida de cultura ciudadana, y el mismo pico y placa que también afecta a los vehículos de turismo. En la ciudad circulan más de 300 automóviles rentados preferencialmente por turistas, pero que por orden de la medida terminan parqueados dos o tres días a la semana, haciendo de su uso un pésimo negocio.

En materia de movilidad es evidente la falta de gerencia y de planeación. Los grandes retos para el transporte urbano no han tenido las respuestas adecuadas y los problemas a los que estamos sentenciados diariamente los residentes y visitantes de la ciudad son permanente dolor de cabeza para el usuario y penoso retrato para el turista. Aunque aparecieron y se desarrollaron ante el cúmulo de improvisaciones, malos manejos y políticas equivocadas de buena parte de sus antecesores, se acentuaron y no encuentran solución en la Bogotá Humana.

Como gancho comercial, nada atractivo resulta ofrecer el viacrucis que se vive en nuestras vías urbanas y que configura un escenario bastante lejano de encarpetarse como oferta de servicio e imagen para promover la ciudad y darle la valía de un destino de viajes competitivo. La movilidad y la calidad del transporte que deberían ser valor agregado al producto turístico, un elemento más en la cadena, no suman como componente estratégico, y producen una experiencia negativa que el turista exporta y multiplica a sus alrededores.

Construir alternativas de movilidad, como puede ser la propuesta del alcalde Petro del día mensual sin carro, sería una excelente idea y un paradigma histórico, si existiera un sistema integrado de transporte con estándares de calidad, eficiente y cómodo, y una operación de taxis segura y ejemplar. Es el cotidiano maltrato en el servicio de transporte público el que obliga al usuario a emigrar hacia el vehículo privado.

Bogotá necesita iniciar rápidamente la primera línea del metro, para que este proyecto deje de ser un caballito ganador de los aspirantes a la alcaldía. Su construcción sería quizás la tabla de salvación del TransMilenio, un jugoso negocio privado que por ahora nada tiene de amable ni de humano, y que junto con el resto de la movilidad, deja muy mal parada a la ciudad como un destino de viajes recomendable. Pero el metro -visto desde Planeación Nacional- parece que requiere más que un centímetro de voluntad política.

[email protected]

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Gonzalo Silva Rivas

Las tierras del cóndor

Un mal sueño

Que le arrastre el ala

Carga de profundidad

Pasar volando