Por: Óscar Sevillano

Ni Duque, ni mucho menos Petro

La única manera en que los colombianos podemos demostrarle a la clase política la decepción que nos ha causado es votando en blanco en la segunda vuelta de las elecciones para presidente, así esta opción en estos momentos no tenga ningún efecto jurídico.

Puede ser que las candidaturas a suceder a Juan Manuel Santos en el cargo de presidente de la República tengan propuestas interesantes, cada una desde sus orillas; puede que ambos sean personas decentes sin ninguna tacha, pero hay que ser sinceros: algo hay en ellos o en sus círculos cercanos que no convence a una parte  de los electores  colombianos, y que hace que se les mire con desconfianza. Lo más coherente en este caso es participar en la democracia, dejando consignado a través del voto en blanco que no se comparte ninguna de las dos aspiraciones.

No resulta coherente que quienes no estamos convencidos del todo de  las bondades de estas dos candidaturas nos vayamos a apoyar la menos mala. El respaldo a uno de los dos aspirantes debe darse en todo el sentido de la palabra, por convencimiento total de que la campaña y las propuestas de A son mejores y más convenientes para Colombia que las de B, de lo contrario es mejor no hacerlo, porque no es ni serio ni mucho menos responsable con un país que pide a gritos a su clase política actuar con el mayor de los juicios.

He tenido la oportunidad de dialogar con diferentes grupos de personas de ambas campañas que en las calles abordan a los transeúntes para entregar la publicidad de sus candidatos. De manera calmada y civilizada les he escuchado y hemos intercambiado opiniones sin necesidad de agredirnos o insultarnos, y aun así no me encuentro motivado ni mucho menos seducido para darle mi voto ni al candidato de derecha, ni mucho menos al de la izquierda.

No estoy seguro de que Iván Duque tenga libertad plena para gobernar. El cordón umbilical que lo une a Álvaro Uribe es innegable; los respaldos electorales que ha recibido por la puerta de atrás de parte de Cambio Radical, Partido Conservador, etc.,  dan a entender que un posible Gobierno suyo tendrá una alta dosis de clientelismo y mermelada. Todo esto le resta confianza a su propuesta, lo mismo que a su imagen y credibilidad.

Tampoco estoy seguro de que Gustavo Petro no sea un líder mesiánico, autoritario, mal administrador y chambón. Dudo que haya cambiado su manera de ser y que de la noche a la mañana se haya vuelto una persona humilde, que reconoce sus errores, escucha a los demás, atiende consejos y recomendaciones, y que ahora sea todo un experto en buen gobierno,  cosa de que una eventual presidencia suya no  nos vuelva trizas el país.

No voy a acomodarme en la candidatura que me parece menos mala que la otra, sea la que sea, cuando ambas me dan motivos suficientes para no confiar.

Lamento que el voto en blanco en una segunda vuelta electoral para escoger presidente de la República no tenga ningún efecto jurídico y entiendo que así son reglas electorales de la democracia en nuestro país, y que quienes deseamos participar en ella debemos respetarlas y acatarlas.

Cambiando de tema: Durante los últimos días he visto niños que pertenecen a la tribu indígena de los Embera pidiendo limosna en las calles de Bogotá. Al que si no he visto es al Instituto de Bienestar Familiar actuando.

@sevillanojarami

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