Ni héroes ni mártires

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Por: Juan Daniel Barreto Arboleda*

El pasado sábado 11 de abril el país cerró el día con dos noticias devastadoras en el contexto de la cuarentena que se lleva por la pandemia del COVID-19: la muerte del médico de 33 años Carlos Nieto y del anestesiólogo y director de Unidad de Cuidados Intensivos William Gutiérrez, de 59 años, ambos por infección de COVID-19. A raíz de esto, me he dado a la labor de hacer la reflexión de estos últimos días y el aprendizaje que estos me han dejado como trabajador de la salud.

Durante las últimas semanas, en las que el país y el mundo han estado funcionando de forma inusual, me he venido encontrando en mis entornos laborales y redes sociales con un término que ha venido cogiendo fuerza: “Los médicos, enfermeras y trabajadores de la salud son unos héroes”. Y debo confesar que, así no sea la opinión más popular entre la gente del común, nosotros los trabajadores de la salud, al menos en una amplia mayoría, no estamos de acuerdo con que nos llamen así.

Y es que es irónico, de entrada, que este sea el país de los héroes de la salud contratados por prestación de servicios. Es irónico porque nosotros nunca entramos a la universidad con el ideal de que algún día nos llamaran héroes. Lo hicimos porque con convicción y vocación quisimos dedicar nuestros esfuerzos para ayudar a los demás, y con nuestro conocimiento y habilidades hacer cuanto pudiésemos para mitigar el dolor ajeno, teniendo en el proceso una vida digna que nos permitiera aportar a nuestras familias, dos conceptos que no son mutuamente excluyentes. Soy médico para servir y también para alimentar a mi familia.

En ningún lugar del juramento hipocrático, ese que hacemos los médicos al graduarnos desde épocas de antaño, dice que debamos hacer un voto de pobreza y abnegación, donde debemos trabajar gratis, sin condiciones justas y exponiendo nuestras vidas. Por el contrario, el juramento justamente consigna la frase “Cuidar mi propia salud, bienestar y capacidades para prestar atención médica del más alto nivel”.

Entonces, está claro que debemos cuidarnos y exigir condiciones laborales dignas. No somos héroes, porque en el contexto colombiano solo existen dos tipos de héroes para la sociedad: los deportistas que ganan millones y los mártires de guerra. Y no somos ni lo uno ni lo otro. Porque no estudiamos para morir en el ejercicio de nuestras carreras. Porque no devengamos las millonadas que otras profesiones sí, como los honorables congresistas, que por estos días de crisis poco y nada se les ha visto trabajar, incluso a veces con condiciones de contratación deplorables (OPS) en donde la remuneración ni siquiera es suficiente para pagar nuestras deudas de créditos educativos.

Es además irónico que nos llamen héroes cuando tenemos que cambiarnos del trabajo a ropa civil por temor a ser abucheados o linchados en el transporte público. No nos llamen héroes cuando hemos sido nosotros, de nuestro bolsillo, quienes hemos tenido que comprar nuestros elementos de protección personal porque el Estado ha sido ineficiente a la hora de cuidarnos.

Y es que han sido, en su mayoría si no todas, las sociedades científicas del país quienes se han pronunciado para recalcar que los elementos de protección personal no son suficientes, porque “Pedrito” se compró 12 cajas de tapabocas que no necesitaba y doña María tiene 100 litros de alcohol glicerinado para la reventa porque tiene que “sacar lo mejor en épocas de crisis”, sin salarios o condiciones laborales justas, y que a pesar de todo esto ni el Ministerio de Salud, ni la Secretaría de Salud de cada distrito, ni Presidencia, ni alcaldías, ni nadie se ha pronunciado.

Así es que no nos llamen héroes, porque no lo somos. No hacemos nuestro trabajo por un reconocimiento o por aplausos a las 8 de la noche; lo hacemos porque lo amamos y tenemos una vocación clara. Es indiscutible que un paro del gremio de la salud en esta época sería atroz y desconsiderado, pero tener una cohorte alta de trabajadores de la salud muertos, que se han contagiado por no tener las condiciones laborales mínimas, sería el ridículo más grande que esta nación y su sociedad se podrían permitir.

Tenemos que ser firmes en exigir unas condiciones dignas, en despertar y que cuando esta larga noche acabe, hagamos valer nuestro trabajo de forma digna y justa: Con elementos de bioseguridad, con remuneración justa, con horarios justos, sin sobrecarga laboral. Y ojalá, durante esta crisis, no tengamos que dejar de servir por falta de garantías. Al “héroe” no se le puede obligar a ser un mártir.

Cierro con una frase de Stanley Kubrick en la película Senderos de Gloria (1957): “Dejaréis de ser héroes cuando la gente no tenga miedo. Dejaréis de ser héroes cuando a los políticos les interese. Ahora sois carne de cañón, por eso os llaman héroes”.

May the odds be ever in our favor.

* Médico y cirujano, Pontificia Universidad Javeriana.

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