Ni libertades, ni propiedad privada

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En días recientes el papa Francisco repitió las palabras de san Juan Crisóstomo y de san Gregorio Magno: “El derecho a la propiedad privada solo puede ser considerado como un derecho natural secundario y derivado del destino universal de los bienes creados”.

En respaldo a Francisco, algunos prelados acudieron en días pasados a citar a santo Tomás de Aquino, quien afirmó en el siglo XIII, cuando el Sol todavía no había dejado de girar alrededor de la Tierra: “Para el hombre, el derecho a poseer se limita a cuanto le basta para bien vivir”. “Está claro que lo que va más allá de cuanto le basta para tal fin ya no está cobijado tan absolutamente por el derecho, porque adquiere, además, una ineludible función social”.

La propiedad privada sí fue un derecho secundario en tiempos de los reyes, los señores feudales y sus esclavos. Y sigue siendo secundario para algunos jerarcas católicos, políticos expropiadores y tiranos socialistas como Nicolás Maduro.

En tiempos de santo Tomás no existían las empresas privadas ni sus propietarios, los accionistas, definidas y defendidas estas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) como las organizaciones legales que en un mundo competitivo tienen derecho a contratar personal y actividades, a tener propiedad privada, a endeudarse, a abrir cuentas bancarias, más la obligación de pagar impuestos. La OCDE fue fundada en 1961 y en ella participan los 37 países más destacados del mundo, con el fin de coordinar sus políticas económicas y sociales. Colombia figura hoy en este selecto grupo de naciones.

En resumen, tanto los propietarios como los accionistas de empresas grandes y pequeñas, igual que los dueños de apartamentos y fincas, tienen todos ellos en estos 37 países el derecho natural y primario —nada de derechos secundarios— de poseer más que cuanto les basta para su bien vivir. La alternativa es hoy el socialismo que iguala al pueblo en la miseria y empodera a algunos pocos.

El derecho primario aludido tiene hoy un doble fin trascendental: premiar el haber cumplido en el pasado y estimular para continuar cumpliendo en el futuro con la ineludible función social de crear empleos dignos. Insisto, hasta la fecha, ni los Estados ni las religiones están en capacidad de crear numerosos empleos dignos en un mundo competitivo.

No olvidemos lo que afirmó Murray Rothbard: “El derecho a la propiedad privada proviene de la necesidad del hombre de defenderse para sobrevivir, para lo cual no puede prescindir del derecho a usufructuar libremente los productos de su tierra, ni prescindir de poseer el suelo mismo. Además, nada valdría el derecho a la propiedad sin contar con la libertad para usufructuar los productos de la tierra. En síntesis: el derecho a la libertad marcha de la mano con el derecho a poseer propiedad privada, nada vale el uno sin el otro”.

Mi conclusión: Limitar tanto la libertad como la ambición humana de quienes emplean medios honestos para trabajar y competir —no solo para enriquecerse—, restringiéndolas a poseer solamente cuanto nos baste para bien vivir, destruye las empresas y su capacidad de generar empleos dignos y progreso en las naciones. Esta limitación equivale a retornar a los tiempos cuando el Sol todavía giraba alrededor de la Tierra.

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