Por: Julio Carrizosa Umaña

Ni ricos ni poderosos

Probablemente Colombia no estará nunca en las grandes ligas del poder y del dinero, pero es posible que lleguemos a ser un país feliz.

La Encíclica Laudato sí recuerda algunos de los caminos que conducen a la felicidad sin pasar necesariamente por ser ricos o poderosos. En las reuniones que se iniciaron en la U. Javeriana para analizar posibles aportes de ese documento papal a la paz del país, varios especialistas internacionales y colombianos han insistido en las coincidencias entre el pensamiento ambiental latinoamericano y la idea de ecología integral que propone Francisco. La serie de seminarios se inició con el análisis de las relaciones de estos conceptos con el modelo económico y en el curso del año se tratarán otros temas que podrían contribuir a la construcción de la paz.

Para el papa, el tema ambiental conduce a la reconsideración del planeta como una “casa común” que se debe analizar uniendo lo ecosistémico físico, biológico y químico con lo social en el concepto de “ecología integral”. En la encíclica se aportan numerosos argumentos para explicar cómo esa forma de pensar puede conducir a lo que la iglesia considera una “civilización del amor” en donde “el amor social es la clave de un auténtico desarrollo”.

En la Colombia actual esas ideas contradicen la mayoría de los argumentos que se presentan tanto en la izquierda como en la derecha cuando se trata de resolver las crisis. Para muchos analistas, es escandaloso que el papa insista en la necesidad de analizar “el nivel escandaloso de consumo de algunos sectores privilegiados” o en “evitar una concepción mágica del mercado” o que escriba “simplemente se trata de redefinir el progreso” o que señale los problemas que se generan cuando “se olvidan las grandes motivaciones que hacen posible la convivencia, el sacrificio, la bondad”. Recuperar los conceptos de “sobriedad” y de “humildad”, como lo hace el papa, es una revolución inaceptable en las discusiones económicas y políticas actuales.

Las ideas de Francisco pueden ser útiles para establecer consensos que disminuyan la gravedad de las crisis que periódicamente nos preocupa y que eviten el peligro de que nuevamente se inicie la guerra intensa o se agraven los enfrentamientos sociales. En la “sobriedad”, en la” humildad”, en la “dignidad” y sobre todo en el “amor social”, pueden estar los fundamentos no para que seamos todos ricos y poderosos sino para que, por lo menos, todos logremos los instantes de felicidad a que tenemos derecho.

 

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