Por: Cartas de los lectores

Ni rosas ni cachetadas

Cada 8 de marzo surgen nuevas discusiones en relación con la conmemoración del Día de la Mujer. En el editorial “La cachetada de regalar una rosa”, de la semana pasada, se denuncia un asunto que está relacionado con la condición de la mujer en el ámbito laboral: el acoso, las pésimas condiciones y la desigualdad. A su vez asegura que regalar una rosa, cuando las mujeres están pidiendo igualdad, es una cachetada.

A pesar de que desde mi visión de mujer me siento identificada y de acuerdo, me tomo el atrevimiento de rebatir o ampliar algunos de sus argumentos:

No se puede generalizar al decir que el discurso sobre la “feminidad” es grandilocuente y vacío. Considero que el hecho de que la palabra feminidad se encuentre entre comillas le da un cierto aire de ironía a la condición esencial de la mujer, pues de allí se deriva un conjunto de teorías, metodologías sobre las características personales, sociales y culturales del género, un hecho que no podemos desconocer en nuestra construcción como actores sociales. Si bien en un día como este nos dicen: “Trabajadora, exige tus derechos”, “levántate y lucha conmigo”, o “feliz día” (aunque haya caído la noche), nos recuerda que la lucha histórica de miles de mujeres por nuestros derechos en la actualidad nos hace un poco más aventajadas que nuestras antecesoras.

Claramente en el editorial se denuncian las condiciones a las que se enfrenta una mujer actualmente. El acoso laboral es apenas un flagelo de una o varias problemáticas que no sólo tienen que ver con el hecho de ser mujer, sino que también se relaciona con la forma en la que nos reconocemos y reconocemos al otro. La cuestión es que no solo se trata de un tema de desigualdad económica o condiciones laborales menos favorables, se convierte en un problema estructural: una sociedad carente de valores, pues la ausencia de los mismos determina la forma en la que me tratan o trato a mis semejantes. Adicionalmente, no se tiene clara la noción de equidad, y para completar, diría el filósofo surcoreano Byung Chul Han: “El sujeto narcisista no puede fijar claramente sus límites. El mundo se le presenta solo como proyecciones de sí mismo”.

No podemos quedarnos en que para reducir el acoso laboral “las empresas deben rendir cuentas”, sino que también vale la pena preguntarse sobre la forma en la que está conformada nuestra estructura social, si existen políticas públicas que garanticen la resolución de conflictos y también preguntarse si son eficaces frente a las denuncias. No se trata de regalar rosas o dar cachetadas, porque nos estamos ubicando desde una perspectiva unidireccional, se trata de ver cómo en sociedad, sin importar el día y lo que se conmemora (fuera de la lógica capitalista), se debe reflexionar en qué punto la educación desde lo académico y lo emocional se debe convertir en un pilar fundamental para la construcción de la equidad. Una equidad por la que no solo clamamos las mujeres, sino el otro que está en mi entorno vital.

Andrea Figueroa.

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