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hace 6 horas
Por: Columna del lector

Ni se te ocurra comer de nuevo en el avión

Por María Alejandra Pachón

¿Qué tal suena una ensalada de carne asada con batata, maíz y fríjoles negros? ¿Sería mejor pasta penne con champiñones, tomate ragú y queso parmesano? ¿O tal vez barbacoa hawaiana, pollo con zanahorias, brócoli y arroz al vapor? Las tres opciones pueden sonar apetitosas para cualquier comensal promedio, son menús variados que en teoría cumplen con el balance entre proteína, carbohidratos y fibra. ¿El problema? Es comida de avión. Si bien no existe el primer fan declarado de los “platos” que se sirven a más de 40.000 pies de altura, la comida durante el vuelo tal vez no sea una de las preocupaciones de los viajeros, aunque debería.

De acuerdo con un estudio realizado por Jetcost, los viajeros consumen entre 1.200 y 3.400 calorías desde que hacen el check-in en el aeropuerto hasta que aterrizan, esto incluyendo los snacks o comidas en el aeropuerto. Una dieta saludable incluye de 1.500 a 2.000 calorías; y si bien cada plato en el avión tiene entre 400 y 900 calorías, el problema aquí es de nutrientes. Tal vez a los viajeros les dé pereza preparar o comprar su comida antes de abordar, pero más que un capricho debería ser algo obligatorio.

Muchos coincidirán en que el sabor, la textura y el olor de los alimentos es bastante desabrido. La respuesta está en la combinación de sequedad y baja presión que se presenta durante el vuelo, lo que reduce la sensibilidad de las papilas gustativas a los alimentos dulces y salados en aproximadamente un 30 %, según un estudio realizado por el Instituto Fraunhofer para la aerolínea alemana Lufthansa. En un esfuerzo por complacer a sus clientes, las aerolíneas hacen sus preparaciones mucho más saladas, condimentadas y dulces de lo que normalmente deberían.

No es tarea fácil alimentar a cientos de personas y mucho menos si es entre las nubes. Por razones de seguridad, todas las comidas deben ser preparadas en tierra, para luego ser empacadas, refrigeradas y recalentadas al momento del vuelo. En el caso de las frutas y verduras, es necesario llenarlas de aditivos y conservantes para que se vean apetecibles a los ojos del viajero.

El año pasado la publicación de la auxiliar de vuelo Shreyas P en la red social Quora se volvió viral. Allí, la joven contaba porqué los viajeros debían abstenerse de comer en los aviones: “El huevo revuelto o la tortilla que acabas de comer no solo era huevo, sino que puede ser una mezcla de huevo y otro sustituto”. Añadió: “La comida en tu bandeja se prepara no en la cocina sino en el servicio de comidas del avión, que a menudo se hace 12 horas antes e incluso días antes de la salida del avión”.

Para muchos comer productos del día anterior no supone un problema, ¿Quién no disfruta de un buen calentado de fríjoles con arroz un domingo por la mañana? El asunto es que conocemos todo el proceso de los fríjoles desde que los sacamos de la bolsa hasta que llegan a la mesa, pero con la comida de avión ni siquiera sabemos de qué están compuestos esos sustitutos con que se rinden los alimentos.

En un intento por mejorar la oferta gastronómica a bordo, muchas aerolíneas han optado por contratar chefs renombrados para la elaboración de los menús. Air France usó a Joel Robuchon, British Airways buscó la ayuda de Heston Blumenthal y Singapore Airlines contrató al terror de los realities americanos Gordon Ramsay, quien, como en cualquier episodio de Hell’s Kitchen, no dudó en criticar: “No hay manera de comer en los aviones”, dijo a Refinery29. “Trabajé para aerolíneas durante diez años, así que sé dónde ha estado esta comida, hacia dónde va y cuánto tiempo tardó en llegar a bordo”.

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2020-02-17T00:00:44-05:00

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2020-02-17T11:37:27-05:00

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