Por: Cartas de los lectores

Ni voto en blanco ni carta blanca

Ante la amenaza de que vuelva a subir al poder en cuerpo ajeno “el Barón del Ubérrimo”, el voto en blanco al que el senador Robledo está invitando es tan grave como votar directamente por el Z... ¡Voto en blanco es voto en rojo! No nos digamos mentiras: la llegada del uribismo a la Presidencia significaría el fin del proceso de paz: el impecable equipo de negociadores no creo que vaya a trabajar para un presidente que los saboteó, desprestigió, chuzó y hackeó, como tampoco van a negociar los guerrilleros con un presidente que los sigue considerando narcoterroristas y asesinos y que por lo tanto no los ve como interlocutores válidos. Los colombianos sabemos que instalar una nueva mesa nos puede costar muchos años... y muchos muertos.
El presidente Santos merece mi voto, porque le reconozco varios logros fundamentales —sin precedentes en nuestro país— y no sobra recordarlos:
1- Reconocimiento por primera vez de la existencia de un conflicto armado interno (y no sólo de una amenaza narcoterrorista como sigue repitiendo el señor Z).

2- Ley para la atención y reparación integral de las víctimas (reconocimiento del estatuto de las víctimas y ya no la estigmatización como simples damnificados y/o auxiliadores de las guerrillas).

3- Ley de Restitución de Tierras.

4- Proceso de Paz en La Habana.

5- Y por último, su logro más importante: el haber logrado independizarse de la lógica de la crispación y la venganza que guió los ocho años del gobierno de Uribe.

Estos cinco resultados —aún imperfectos y en proceso— merecen mi confianza, pues considero que van en la dirección correcta, que es la pacificación del país.
Un cambio de timonel en estos momentos nos puede llevar a un naufragio de sangre.

Dr. Robledo, considero que mi “no voto en blanco” no es tampoco “carta blanca” para el presidente Santos: personas de todos las procedencias y orientaciones políticas que le estamos dando “un voto de confianza” para que nos conduzca por la senda de la paz, vamos a exigir transparencia y a ejercer una estricta vigilancia para lograr que se impulsen los cambios “poli-éticos” que necesita con urgencia Colombia.

William Ospina dijo recientemente en El Espectador que Zuluaga es un mal menor, porque al menos sabemos qué piensa. Considero que precisamente por el hecho de saber qué piensa, no podemos arrojarnos con los ojos abiertos al abismo.
Ni voto en blanco ni carta blanca: ¡responsabilidad histórica!

Álvaro Restrepo. Cartagena.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

 

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