Por: Andrés Hoyos

Ninguna de las tres cosas

Según el discurso que pronunció Álvaro Uribe en el homenaje a Fernando Londoño de la semana pasada, el Puro Centro Democrático no será ninguna de las tres cosas.

La pureza brilla por su ausencia en todo lo que tiene que ver con el expresidente; la democracia, para él, es una forma de paternalismo intransigente basado en la obediencia ciega; y su énfasis en la conservación de los privilegios en un país tan injusto como Colombia ubica al proyecto muy a la derecha. El resto de los colombianos somos para Uribe una colección de burócratas ingratos, de idiotas útiles o de aliados camuflados del terrorismo.

La pésima redacción y la alocada puntuación del discurso no deben de engañarnos. La coalición va en serio, así su trayectoria previsible se dirija derecho contra la pared. El inquieto expresidente no parece aprender de sus fracasos, como tampoco aprendió de sus éxitos. Quiere ser elegido por interpuesta persona, pese a que el electorado le ha confirmado una y otra vez que su todavía alta popularidad no es endosable. Piénsese en el potencial electoral de Óscar Iván Zuluaga o de Marta Lucía Ramírez y se entenderá que ningún candidato del Puro Centro Democrático podría recoger los votos de la derecha y alzarse también con un buen trozo de los independientes y de los indecisos.

Es natural que el estruendoso fracaso de la reforma a la justicia le esté pasando cuenta de cobro a la gobernabilidad de Santos y no deja de ser útil que a la mazacotuda Unidad Nacional se le abra el ala derecha. Por ahora, sin embargo, el Gobierno está de suerte, ya que ni los electores ni los políticos tienen verdaderas alternativas a la Unidad Nacional. El liberalismo, a despecho de tal cual ruido, está contento con Santos, y el conservatismo puede que lo esté un poco menos, pero el amor de este partido por los puestos públicos y por el erario es demasiado poderoso como para que se embarque en aventuras de “pureza”. La izquierda tampoco es alternativa, pues los Progresistas andan patinando en un atolladero, en tanto que el Polo quedó en manos de un sector dogmático que insiste en que, aparte de ellos, todo lo que existe merece perecer. Los radicales ven bultos, no perfiles, y concluyen con inmensa sabiduría que todos los bultos se parecen.

Debilitada la gobernabilidad, la agenda legislativa del Gobierno tendrá que reducirse, si bien uno espera que presenten por lo menos la reforma tributaria y otro par de piezas claves. De resto, que dejen quieta a la Constitución, a ver si se recupera de la pisoteada reciente.

El tema económico es inquietante para el Gobierno porque empieza a ponerse difícil. Sus otras preocupaciones fundamentales serán la restitución de tierras (crucemos los dedos) y reducción de la pobreza, al igual que la seguridad, en la que necesitan un par de éxitos estruendosos para acallar a los halcones de mal agüero. Acierta al respecto Antonio Navarro cuando dice que la llave de la paz la tienen las Farc, a lo que habría que agregar que por lo pronto la siguen fundiendo para hacer más balas. Mientras así sea, la puerta permanecerá cerrada, como permanecerán cerradas las posibilidades de un gobierno socialdemócrata moderno.

Pasa, pues, el Puro Centro Democrático a la incubadora de los prematuros, de donde lo sacaría una catástrofe no previsible que le permita implantar su envenenada Constituyente. Uno no le desea mala suerte a ningún recién nacido, pero en este caso tocará hacer una excepción.

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@andrewholes

 

 

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