Por: César Rodríguez Garavito

Niños, adultos y deforestación

El contraste no puede ser más elocuente: mientras los jóvenes estudiantes actúan como adultos, los adultos que tenemos por gobernantes se comportan como malos estudiantes.

De un lado, niños, niñas y jóvenes colombianos se unen hoy a la ola global de protestas contra la inacción y la irresponsabilidad de los mayores frente al cambio climático. Nos dicen que “estamos aquí para limpiar el desorden que ustedes nos dejaron”, como declaró Greta Thunberg, la joven sueca de 16 años que inició la serie de huelgas escolares que ha llevado a miles de jóvenes alrededor del mundo a cambiar las clases de los viernes por plantones frente a sus colegios y las sedes de sus gobiernos y parlamentos. Con su franqueza, urgencia y persistencia, las huelgas se han convertido en el movimiento más promisorio contra el cambio climático.

Entre tanto, el gobierno Duque se conduce como el alumno que, en lugar de hacer la tarea, pide plazo adicional o esquiva las reglas a su conveniencia. Así lo muestra su propuesta sobre la deforestación, la principal fuente de gases de efecto invernadero de Colombia y, por tanto, el principal daño que hacemos a la temperatura del planeta.

La tarea que recibió el gobierno es cumplir los compromisos internacionales contra la deforestación y el cambio climático, que Colombia asumió en el Acuerdo de París de 2015 y en los convenios de colaboración con países como Noruega, Reino Unido y Alemania. Compromisos que fueron reforzados y recordados en el fallo de la Corte Suprema que otorgó la tutela que interpusimos a nombre de 25 jóvenes de todo el país y que le ordenó al gobierno cumplir la promesa de reducir a cero la tasa neta de deforestación en la Amazonía en 2020.

Ahora el gobierno no quiere hacer la tarea. En el Plan Nacional del Desarrollo que presentó al Congreso, propone relajar el límite anual de hectáreas de bosques que serán destruidas. En vez de tomar o reducir el límite de 90.000 hectáreas anuales que asumió (e incumplió) el gobierno anterior, se propone mantener la inaceptable situación actual, es decir, la tala de 220.000 hectáreas de bosques al año. Eso significa que la herencia del cuatrienio Duque, en el mejor de los casos, sería la tala de una extensión de árboles equivalente a cinco veces el tamaño de Bogotá.  

Por eso, una coalición de organizaciones de la sociedad civil y los jóvenes de la tutela del Amazonas lanzaron una campaña para exigirle al gobierno cumplir su tarea. Para cumplir los deberes nacionales e internacionales, la meta de deforestación en el Plan Nacional de Desarrollo debe ser igual o menor a 90.000 hectáreas anuales. Y el compromiso de los funcionarios del gobierno, que dicen que la lucha contra la deforestación está entre sus prioridades, debe ser cumplir esa meta.

Eso es lo que estarán exigiendo los estudiantes que saldrán de los colegios y las universidades a protestar esta tarde. Para el gobierno y el Congreso, sus exigencias quedan como asignatura pendiente.

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2019-03-15T07:30:00-05:00

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