Por: Luis Carvajal Basto

Niños en peligro

A los niños campesinos en Colombia,  además de la  violencia y la pobreza, los  han amenazado las enfermedades, el reclutamiento por paras y guerrilla, las condiciones en que se educan y, últimamente, los peligros al desplazarse a sus escuelas. Tenemos soluciones que se deben intentar.

Resulta difícil establecer si la mala situación de los campesinos tiene que ver con  la pésima utilización de nuestras tierras, como consecuencia de la violencia, con la falta de vías y canales de distribución, con el atraso tecnológico o con un modelo educativo desueto.

En cambio, se puede asegurar, que le prosperidad del campo pasa por garantizar a los niños de hoy una educación ajustada a sus expectativas y posibilidades de trabajo. Ahora, sabemos en qué áreas de la producción agrícola el país tiene ventajas comparativas y competitivas. Biocombustibles y derivados de la palma son una realidad.

En las décadas anteriores nos hemos pasado intentando que la escuela se excluya del conflicto. Ahora, debemos preocuparnos por que sea útil para el progreso de las familias campesinas, para que trabajen en las mejores condiciones de productividad y rentabilidad.

Muchos campesinos, pequeños propietarios, sobreviven con sus familias con jornales, excluidos de prestaciones, que no superan ocho dólares al día. Eso es porque el campo no ha sido rentable, pero se sabe que el asunto está empezando a cambiar. Se vienen tiempos mejores para la producción agrícola debido al aumento de la demanda mundial.

Esa es una oportunidad que debe ser apuntalada por proyectos educativos con énfasis en Educación técnica y tecnológica. Lo vienen haciendo el SENA e Institutos técnicos, pero tenemos todo para integrar la educación media a la técnica, con un norte fijado por los Ministerios de Agricultura, Comunicaciones y Desarrollo.

El 70% de los niños y jóvenes en edad de acceder a la educación media se encuentran por fuera del sistema educativo. ¿De dónde va a salir la gente que se encargará de hacer productivo nuestro campo? Y, por otra parte, será que el modelo educativo actual sirve para prosperar?

La respuesta es no. Por una razón sencilla: no solo las condiciones de productividad y los requerimientos de una economía que se está insertando de una nueva manera en el mercado mundial, han cambiado, sino los mismos medios y métodos que se utilizan para la producción, lo cual debe tener un gran impacto en el sistema y el modelo educativo.

Dicho de otra manera, el modelo debe ajustarse a estas realidades y también a otra que no nos gusta reconocer: los niños y jóvenes en el campo trabajan desde muy temprana edad. Eso no es tan malo, si se integra adecuadamente a un nuevo modelo educativo.

Por estos días sabemos de las hazañas que hacen nuestros niños campesinos para llegar a unas escuelas en las que socializan y aprenden fundamentos de matemáticas y lectoescritura. ¿Será necesario que hagan esos viajes todos los días? Las cosas están cambiando, para bien.

La televisión digital que pronto será una realidad y la que usa internet, que ya se ofrece en Colombia, permiten interactuar. Con ellas se pueden atender grupos de estudiantes en línea. Las mejores facultades de Educación  y el SENA pueden diseñar programas integrados al proceso de Educación formal, apoyados en los canales ociosos de la televisión pública.

En lugar de estar pensando en destinar recursos a un canal para un congreso desprestigiado hasta donde no se puede más ¿porqué no los invertimos en un modelo pionero que estaría destinado en principio a los niños del campo? Y a quienes no les gusta innovar, les conviene recordar que en muchas regiones de Colombia la gente pasó de la mula a la tracto mula muy rápido, tanto como los indígenas americanos  y las tribus africanas  del arco y la flecha, a las armas de repetición, sin conocer la espada, ni la ballesta de Guillermo Tell.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis Carvajal Basto

Duque: gobernar para Colombia

¿Responderá Duque? (¿Y Fajardo?)

El entierro del liberalismo

Más Duque que Petro

Esperanza en la OCDE