Por: Paloma Valencia Laserna

Niños indígenas ¿víctimas de las tradiciones de sus comunidades?

“Los derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás” dice la Constitución, pero al parecer el artículo no incluye a los niños indígenas.

Toño, el indígena que violó a sus tres hijas y sus dos cuñadas, fue condenado a 5 años de trabajos comunitarios por la justicia indígena. Esa fue su sentencia de segunda instancia así que para él el asunto está cerrado, y la protección de la cosa juzgada impide que la justicia ordinaria pueda procesarlo.

Es una historia triste especialmente para la madre de las menores y las mujeres del resguardo “La Merced” que denunciaron la injusticia y han pedido ayuda a la nación. Su grito de socorro pasó inadvertido; para muchos sigue siendo más importante la jurisdicción especial indígena que los derechos de esas mujeres indígenas y sus hijos. ¿Acaso una sociedad y su cultura deben permanecer inmóviles en el tiempo?

Es una tensión entre lo que ha venido siendo, una autoridad tradicional de hombres machistas, donde la violencia física y sexual contra los niños y las mujeres parece un delito poco grave; y el movimiento de unas mujeres que orgullosas de ser indígenas señalan aspectos de su cultura que son inaceptables para ellas; y que además coinciden con los derechos que la Constitución les otorga como colombianas.

Hay un cierto romanticismo que pretende que todo se quede como ha sido; aquella tendencia alcanza extremos desbordados cuando se refiere a culturas indígenas, primigenias o ancestrales. Pero, no podemos pretender que las culturas no se transformen. Las tradiciones tienen un valor, pero los movimientos sociales son más importantes; las sociedades cambian desde adentro y desde afuera, y es ingenuo y perjudicial pretender detenerlas en el tiempo. El cambio, la transformación, el movimiento son propios de las culturas vivas. Este es un caso trascendental  porque no representa la imposición de la cultura externa sobre los principios de la comunidad indígena; se trata de un rompimiento interno: son mujeres integrantes de esa sociedad quienes solicitan la intervención de la justicia ordinaria.

La jurisdicción ordinaria debería cumplir una función similar a la que cumple la extradición en la nuestra. Afuera existe una justicia mas férrea y dura, que sirve como parámetro y al mismo tiempo como amenaza. Le da a la justicia interna la idea de que existen ojos que la miran y la juzgan a ella misma; y le da al reo la impresión de que su delito no quedará impune por fallas de la jurisdicción, y que si la gravedad de su crimen no es sancionada, hay otro sistema que lo procesara rigurosamente.

Las indígenas podrían recurrir a la justicia internacional que necesariamente tendría que hacer algo, pues es evidente que un trabajo comunitario jamás será sanción para un crimen tan atroz. No sólo lo digo yo, lo dice la madre y la comunidad femenina de ese resguardo. Lo cierto es que la sociedad colombiana no debería permitir que esto pase y quede impune, y que los afectados tengan que buscar justicia trasnacional para resolver asuntos claros como este. Los derechos de los niños tienen especial protección por parte de la Constitución; esta les otorgó una superioridad jerárquica sobre todos los demás derechos, también sobre el de al autonomía de la jurisdicción indígena.

La jurisdicción especial indígena no puede estar sobre la Constitución; no puede mantener unas tradiciones que la vulneran; más cuando sus mujeres exigen el cambio. No se trata de eliminar la autoridad indígena, sino de un cambio de las reglas que aplica. Ninguna justicia puede promover la impunidad, menos cuando se trata de los derechos de los niños.

“La familia, la sociedad y el Estado tienen la obligación de asistir y proteger al niño… cualquier persona puede exigir de la autoridad competente su cumplimiento y la sanción de los infractores”. No sólo Toño, sino la autoridad del cabildo están vulnerando los derechos de los menores indígenas. En nombre de la sociedad y como ciudadana cualquiera, me uno al clamor de esas madres indígenas para exigir que los niños y niñas indígenas tengan los mismos derechos que los otros niños colombianos. No es aceptable nada distinto.

@palomavalencial

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