Por: J. William Pearl

Nivelar

Los mandatarios deciden sus programas de gobierno de acuerdo a la visión que tienen de la sociedad y a lo que consideran, debe ser el bien común. Algunos tienen grandes propósitos y metas, y otros, como el actual alcalde de Bogotá, terminan nivelando por lo bajo su administración y a sus conciudadanos.

A seis meses de terminar el período de la administración de Gustavo Petro, vale la pena examinar porqué su administración fracasó y como consecuencia de eso, tenemos hoy una ciudad que ha retrocedido en todos los temas, con excepción del tema ambiental, en el cual la ha logrado avances que si bien no son tangibles para los ciudadanos hoy, reflejan una visión moderna y una secretaría de ambiente que ha estado dispuesta a subir los estándares en diferentes frentes, administrando con seriedad e independencia.

El fracaso de la administración de Petro, tiene que ver con su visión de lo que es gobernar. Si bien los gobernantes tienen la responsabilidad de impulsar su visión, por encima de ello está el bien común. Los gobernantes representan a todos los ciudadanos, no únicamente a quienes votaron por ellos . Los gobernantes están llamados a unir a los ciudadanos en torno a propósitos comunes.

Pero Petro, es un gobernante que divide porque él mismo no concibe la pluralidad como una opción. La diversidad de la que habla el alcalde, se refiere a imponer su punto de vista, no a acoger aquellos que le son contrarios, para incluirlos en los análisis ni mucho menos en sus decisiones.

A lo largo de su administración y buscándole el esguince a sus deberes y a veces a la ley, Petro ha actuado, infortunadamente como lo haría un dictador disfrazado de democráta. Y de ese estilo de gobernar, tenemos ejemplos claros en el vencindario latinoamericano.

Es lamentable que un alcalde que viene de la insurgencia y que tuvo la oportunidad de mostrar lo que es realmente tener talante democrático y un compromiso con la reconciliación, que es un pacto social para dirimir las diferencias con respeto, haya atropellado a quienes pensaban de manera diferente a él. También son lamentables e igualmente reprochables, los atropellos de que fue objeto.

Los pobres resultados alcanzados están relacionados con su incapacidad para gerenciar y liderar la administración. Un alcalde, no necesariamente tiene que ser buen gerente, y Petro claramente no lo es. Pero sí tiene que ser capaz de rodearse de buenos gerentes y de formar un equipo sólido que implemente las políticas y los programas.

Petro atrajo a su administración a personas de un altísimo perfil, como Antonio Navarro, quienes al ver el caos interno, se retiraron. Que desperdicio de oportunidad.

Los resultados en ejecución son muy pobres: un estudio de la Veeduría Distrital advirtió que la administración de Bogotá tenía el año pasado la ejecución mas baja en diez años y que muchas de las obras prometidas durante la campaña no se ejecutaron.

Se le abona al alcalde su empeño en racionalizar el SITP y garantizar la financiación de la primera parte del proyecto del metro, que no serían logros menores.
Ser buen gobernante, requiere ser un democráta de convicción y un lider capaz de ejecutar políticas públicas y programas, con transparencia y eficacia. Lamentablemente para todos, Petro no lo es.

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