Por: Ignacio Zuleta

No como nada verde porque va y me ordeñan

Los colombianos, aunque ya hay generaciones aprendiendo, comemos poco sano: demasiados carbohidratos, azúcares y grasa y muy escasas frutas y verduras.

Con una cultura cada vez más urbana y sedentaria, y con cada vez menos tiempo para dedicarle a una buena comida balanceada, nos estamos engordando. La obesidad en Colombia es ya el tercer factor de mortalidad entre la población.

Imaginemos, para ilustrar, a un personaje llamado Santander Bolívar, de 70 años, perteneciente a una etnia del Caquetá. Don Santander se crió en su comunidad a orillas del río Fragua. Por cuarenta años vivió de la caza, de la pesca y de los productos de su chagra fértil en la que había plátano, yuca, ají, chontaduro y otras frutas domésticas, además de las que se encontraban en las selvas cercanas. Gastaba cada caloría de su dieta en las faenas diarias; crió seis hijos de los cuales quedan dos, pues a cuatro varones los mató la guerra. La petrolera le timó sus tierras y hoy está radicado en Florencia, en una vivienda-de-interés-social apeñuscada entre otras soluciones de concreto y zinc. Se alimenta de carne, yuca y plátano comprados en la plaza, y de cuando en vez consigue bocachicos muy costosos. Su peso, que fue siempre de 60 kg, es hoy de 92. Se queja de diabetes.

Policarpa, la hija menor, se graduó de maestra, es madre cabeza de familia de tres hijos, trabaja en una escuela de Pitalito y se alimenta de sardinas enlatadas, pan, arroz, sopa de pasta. Una vez a la semana hace ensalada de cebolla y remolacha; el agua es mala, así que bebe siempre gaseosa. Pesa 79 kilos, tiene anemia y gastritis y alimenta a sus hijos con fécula de plátano y con la bienestarina que no se roba la Alcaldía.

El varoncito, Elmar, cuarentón, coronó un viaje a México y vive en Pereira en una casa enorme custodiada por tres gordos gigantescos. Se alimenta de embutidos españoles importados, papas fritas y plátano maduro, y su plato preferido es la bandeja paisa. Declara que no come nada verde porque va y lo ordeñan; no se despega de la televisión plasma de la sala; pasó ya de cien kilos, pero a su nueva esposa la hace pesar obligada y diariamente para que no se engorde y defender así la inversión en esa cirugía de tetas y de nalgas que le mandó a realizar en el Brasil.

Hemos pasado muy rápido de ser país rural a ser urbanos sin un entrenamiento. Nos hemos descuidado en nuestra aproximación a la comida, a la que se le solían dedicar calidad y tiempo. Porque además de no conocer las normas básicas de la dieta balanceada, don Santander y Elmar están muy confundidos. Los mil estudios médicos del día y la presentadora de la sección de salud del noticiero dicen hoy que el huevo produce colesterol, el chocolate es pésimo, la yuca es cancerígena, para decir mañana lo contrario. Lo cierto es que seguimos engordando, lo que a su vez engorda los bolsillos de los doctores que prestan el servicio de cirugías bariátricas para las bien cebadas y corruptas EPS.

 

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