Por: Columnista invitado

No conviene que yo vea al Papa

Alberto López de Mesa*

El obispo responsable de organizar la agenda en Bogotá del Papa Francisco confirmó que su santidad dará una audiencia especial para representantes de poblaciones vulnerables (indígenas, negritudes, desplazados por la violencia, entre otros.). En efecto, en la Secretaría de Integración Social e IDIPRON ya deben tener seleccionado y entrenado a un grupo de “participantes” de los servicios, que ya gorditos y bien hablados, darán fe de que gracias al burgomaestre ellos lograron salir del infierno del Bronx y ya están rehabilitados y listos para volver a integrarse y servirle a la sociedad como buenos muchachos.

Varios allegados me han dicho que yo debería asistir a esa audiencia, dizque porque soy un buen ex habitante de calle. Pero la verdad es que no conviene que yo vea al Papa.

La primera razón es porque aborrezco la hipocresía y el morbo de los testimonios. Además, nunca, ni cuando fui buen usuario de los hogares de paso, me presté para esos sainetes, en los que la institución presenta a los ñeros bien vestidos como muestras de buenos resultados.  

Yo denunciaría ante Bergoglio lo que no le permitirán ver en su recorrido por la ciudad. Más allá de la romería de feligreses, le llevaría hasta los nueve mil habitantes en indigencia extrema, que durante los días de su permanencia en el país estarán escondidos, donde no los logren ver ni los peregrinos extranjeros y menos su santidad.

Siempre ha sido así, cada vez que viene un personaje poderoso, y más un Papa, la administración oculta cualquier vestigio que delate la tremenda deuda social.

No sé si aún existe el rito de indultar y liberar a un prisionero de alguna cárcel de la ciudad por donde pasaba un Papa. Bueno, pues, yo le propondría al pontífice franciscano que eligiera a un habitante de calle de Bogotá para que lo bendijera y con su infinita bondad le ordenara a la Curia que lo becara para siempre, con servicio de salud, vivienda, un trabajo y una seguridad social. Estoy seguro de que con una acción así, el favorecido y todos los desarrapados de Bogotá jamás olvidaran el día en que paso por la capital el Papa de la Misericordia.

*Alberto López de Mesa, arquitecto y ex habitante de calle

     

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado

Remar para el mismo lado

El hambre no importa

Dosis de aprovisionamiento

Estancamiento secular revisitado