No deje que lo maten, presidente

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Señor presidente:

Yo no voté por usted. No me gustaba ni su programa, ni su discurso ni su entorno. Además, me preocupaba su evidente falta de experiencia para el cargo. Por eso no puedo contarme entre quienes se dicen decepcionados con los precarios resultados de su mandato. A diferencia de ese grupo de ciudadanos que sí le creyó, a mí el desastre de su administración no me toma por sorpresa. Yo, desde el primer día, estaba seguro de que el suyo sería un gobierno bastante malo. Y muy a mi pesar, el tiempo me ha dado la razón.

Aunque no lo crea, cuando usted ganó las elecciones, mi único deseo era que le fuera bien. Nunca he entendido a esa gente que se alegra con los fracasos de un gobernante, solo porque pertenece a otra orilla del espectro político. Lo que Colombia necesitaba era un presidente exitoso. Un tipo con cancha, con visión y con carácter para sacar adelante su agenda. Eso con usted ya no pasó. Como jefe de Estado se le ha visto poca cancha, poca visión, poco carácter y nada de agenda.

En honor a la justicia, hay que decir que a usted le tocó tomarse un coctel muy pesado. Los azares del destino lo llevaron a gobernar el país en el momento más difícil de su historia reciente, siendo a la vez el hombre menos preparado que se ha sentado en la silla presidencial.

Con esta pandemia a ningún presidente le iba a ir bien. Pero a usted le está yendo pésimo.

Aunque estoy seguro de que todos los días hace su mejor esfuerzo, lo cierto es que la política exterior no le funcionó, la economía naranja no existe, la seguridad le quedó grande, los cultivos de coca siguen en lo mismo y, afortunadamente, le incumplió a sus electores la promesa de acabar con los acuerdos de paz. Palabras más, palabras menos, de su gobierno solo queda salvar lo poco que se pueda y esperar que se acabe rápido.

Precisamente con esa idea, la de salvar lo poco que queda, es que le escribo estas palabras. Recuerdo que entre el mar de lugares comunes que fue su campaña, uno de los aspectos al que mayor importancia le dio fue al de la lucha contra la corrupción. Esa, según nos dijo, sería una de sus principales banderas. Como todo el que lo conoce coincide en que usted es un buen tipo, hoy, más que al jefe de Estado, quiero hablarle a ese buen ser humano que me dicen que es.

Si su deseo de luchar contra la corrupción es verdadero, tiene una jugada muy fácil para darle un golpe contundente a ese flagelo que dice querer erradicar. Y de paso le salva la vida a un hombre. Lo único que tiene que hacer es una llamada. Hablo por supuesto de Gustavo Moreno, el tristemente célebre fiscal anticorrupción, quien llegó deportado a Colombia con la promesa de contar todo lo que sabe. ¡Y sabe mucho! El problema, presidente, es que si usted no actúa con rapidez, a Moreno lo van a matar.

Lo único que el tipo está pidiendo es que lo trasladen de la cárcel Modelo a un lugar de reclusión en el que su vida no corra peligro. Puede ser una estación de Policía, una guarnición militar o lo que a usted se le ocurra. Si Moreno habla, le quitaría la máscara a varios corruptos que hoy ostentan el poder, incluso desde altos cargos en “el gobierno de la legalidad” que usted preside. Ya son dos la entrevistas en las que el exfiscal anticorrupción le ha rogado que le salve la vida. Si usted lo condena a seguir en La Modelo, cuando lo maten la culpa será suya. El lugar de reclusión de un preso depende del INPEC. Esa entidad depende del ministro de Justicia y este último depende de usted. ¿Qué está esperando para levantar el teléfono, presidente?

Adenda: No todo es malo. El presidente se anotó un gran acierto al designar al general Vargas como director de la Policía. Es uno de los mejores oficiales que ha pasado por la institución. Buen viento y buena mar.

@federicogomezla

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