Por: Columnista invitado

No desconocer la tradición

En primer lugar, conviene reconocer que la posición del maestro Fernando Vallejo está en consonancia con el planteamiento en Zacatecas de Gabriel García Márquez y con otros intelectuales y filólogos, que han abogado por una simplificación de la ortografía.

En tal sentido, la última edición de la Ortografía planteó un consenso entre las Academias reunidas en la Asociación de Academias de la Lengua para favorecer las simplificaciones que fueran posibles, tales como la supresión de la tilde en guion, el uso racional de las mayúsculas o la eliminación de tildes en monosílabos que no justificaban su presencia. Cabe aclarar que las ortografías son convenciones culturales que no necesariamente orientan su camino hacia la univocidad entre sonido y grafía. En el caso de la lengua española, tenemos una ortografía con menos signos diacríticos que el francés y con un esquema de separación de sílabas impecable y claro. Así mismo, un elemento esencial de un tratado ortográfico es que facilite la comprensión lectora no solo de los textos contemporáneos sino de la antigüedad cercana y remota; una reforma que eliminara las grafías propuestas desconocería que una lengua tiene una tradición sonora y una fijación gráfica que hablan de su diferencia con un código artificial. No sobra recordar que las Academias recogen y registran el legado de sus hablantes y escritores, quienes, en última instancia, determinan su derrotero y evolución, y por ello no pueden, caprichosamente, modificarlo u objetar su normatividad histórica y consensuada.

 

 

Juan Carlos Vergara Silva / Miembro de la Academia Colombiana de la Lengua.*

 

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