Por: Sorayda Peguero

No entendieron nada

Decía James Baldwin que la identidad no es algo con lo que nacemos sino algo que exigimos para nosotros mismos y que luego debemos declarar: “Tienes que decirle al mundo cómo tratarte. Si el mundo te dice cómo vas a ser tratado, estás en problemas”. Yalitza Aparicio le dijo a la revista ¡Hola! lo que ha estado diciendo desde que los focos del mundo del espectáculo alumbraron su cara: “Siempre me he sentido orgullosa de lo que soy y de quién soy”. Los de la revista no entendieron nada. Por obra del Photoshop, y del mal gusto del autor o de la autora intelectual de una de sus portadas, Yalitza se transformó en una mujer blanca, más delgada y más alta.

Cuando leyó el panfleto que convocaba a las mujeres del municipio de Oaxaca a participar en un casting, sin especificar color de piel, edad ni estatura, Yalitza pensó que podía tratarse de un timo. En el peor de los casos podía ser un asunto relacionado con la trata de personas. Sin desprenderse de su recelo, acompañó a su hermana al casting. Solo por curiosidad. Antes de ser elegida para protagonizar la película Roma, su incursión en el arte dramático se limitaba a las obras de teatro de sus años de estudiante. Era una fanática de las telenovelas, pero ser actriz no le interesaba en lo absoluto.

Tenía razón John Berger cuando decía que las imágenes publicitarias nos roban el amor que sentimos por nosotros mismos. ¿Qué obtenemos a cambio? La promesa de recuperar ese amor. Pero antes, tenemos que pagar el precio. Me pregunto cuántas veces una niña de Oaxaca, morena, de ojos rasgados, indígena, podrá verse representada en la portada de una revista. La publicidad nos empuja a ser parte del rebaño que reniega de sus propias carnes. No le interesa que una niña oaxaqueña reconozca la belleza de sus rasgos en una página de papel satinado. Su misión es ofrecernos autorechazo y ansiedad. Convencernos de que podemos ser mejores, es más, totalmente distintos.

Decirle al mundo cómo queremos ser tratados no impide que choquemos contra la doctrina de imágenes que establece lo que es admirable y deseable. Yalitza dice que quiere derribar la creencia de que “solo personas con cierto perfil pueden aspirar a aparecer en una película o en una portada”. Tendrá que hacerle frente a una propaganda agresiva, a esa violencia de apariencia inocente con la que convivimos. Hemos aprendido a relacionarnos con un ideal de belleza que no se corresponde con la naturaleza diversa del ser humano. Se nos ha impuesto una fantasía envuelta en una invitación dudosa: el retorno al paraíso del que fuimos expulsados.

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2019-04-13T02:40:57-05:00

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