Por: Aura Lucía Mera

No entiendo nada

SÉ MUY BIEN QUE LA POLÍTICA ES el ajedrez del diablo.

El ajedrez humano en que los seres son simples fichas y la jugada que se hace es la que apunta a ganar. Que no existen amigos sino cómplices. Que la palabra dada no es sagrada. Que nadie tiene la verdad. Que todos mienten y que nunca pasa nada. Pero en este momento no entiendo nada.

El presidente Santos nombra a Juan Camilo Restrepo como ministro de Agricultura y éste, a su vez, nombra a Juan Manuel Ospina como director del Incoder. Ambos nombramientos para acabar con la corrupción en lo referente a las tierras y, sobre todo, a tratar de recomponer la vergüenza y el escándalo a nivel internacional de “Agro Ingreso Seguro”, cuando el ex ministro Andrés Felipe Arias decidió regalarles el dinero a los terratenientes más poderosos del país, en detrimento de los que más necesitaban el empujón para poder continuar con sus labores en el agro. Arias, más conocido ya en Colombia como “el clon” o “el pincher”, en vez de estar dando la cara y respondiendo por sus actuaciones, pagando las consecuencias de sus actos, es nombrado embajador en Italia. ¿Se burla el actual Presidente de Arias, quien muy probablemente tendrá que regresar también destituido como Sabas Pretelt, o se burla del ministro Restrepo y del director del Incoder? ¿Por qué en este momento en que Colombia respira un nuevo aire de esperanza el presidente Santos le prende una vela a Dios y otra al diablo? ¿Quiere quedar bien con todos? ¿Recompensa a Arias por haberle ayudado, así se hubiera “ tirado” literalmente la política agraria?

Vergüenza para Colombia. Disculpas a Italia, país en que van a parar todos los funcionarios cuestionados. Con Arias, cero y van tres. Primero Noguera en Milán y luego Sabas Pretelt. Ya sé que Berlusconi no es un gobernante para tomarse demasiado en serio, pero tampoco es para que le envíen como representantes de nuestro país a los funcionarios más cuestionados, que tarde o temprano tendrán que responder por lo que hicieron.

Ojalá algún versado en tejemanejes políticos me explique por qué el presidente Santos, que a mi juicio le está devolviendo la dignidad al país en el extenso sentido de la palabra, actúa de forma tan contradictoria, y nombra a un Ministro de Agricultura que está dispuesto a llevar hasta las últimas consecuencias los atropellos permitidos por Arias y, al mismo tiempo, premia a este último como embajador en Italia. Insisto. No entiendo nada. Una vela a Dios y otra al Diablo. Y por lo poco que he aprendido de la vida, estos pactos ambiguos y enredados nunca terminan bien. O Juan Camilo tiene total autonomía, o lo nombraron para dar fachada, o Arias es culpable y no tiene por qué ser embajador de nada en ninguna parte.

Favores que cuestan caro. Relaciones peligrosas. Amistades non sanctas. Pactos por debajo de la mesa. Borrar con el codo lo que se escribe con la mano. O estamos en lucha frontal contra la corrupción, o a qué estamos jugando. Tenemos derecho a saber el nombre del juego para, con claridad, decidir si queremos participar en él o no. El país merece una respuesta.

 

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