Por: Hernán Peláez Restrepo

No es de ahora

Un título de campeón se gana o pierde en un sólo partido. Allí pasan a segundo plano realmente los antecedentes que derivaron en ese juego crucial. Caso del Porto o del que jugarán el sábado entrante Barcelona y Manchester United.

Pero cuando se quiere conseguir un cupo a instancias finales, como vimos el sábado en nuestro campeonato, resulta un caso diferente. El técnico del Quindío, Pecoso Castro, aclaró en el momento de las lágrimas y lamentaciones que “perdimos diez puntos en casa y esa es la explicación de la eliminación”. Aplicando esa reflexión, todos los eliminados bien pudieran lamentar los puntos dejados en casa, que en 90 minutos habría sentencia. Era lógico para aquellos que, como estudiantes vagos, dejaron todo a la suerte del último examen. Por eso, el dramatismo y el suspenso.

En cambio quienes estaban clasificados, como Tolima, Caldas, Nacional, Envigado y Millos no sintieron ni angustia ni cosa parecida y, antes por el contrario, aprovecharon sus técnicos para dar descanso a unos y refrescar las nóminas después del trajín fuerte, sobre todo aquellos que se vieron obligados a disputar dos torneos simultáneos.

Otros equipos como el Cali y el Cúcuta disfrutaron, como el estudiante vago, de una opción para obtener buena calificación. Unos se quedaron, Chicó y Quindío por todo lo arriba señalado y, si se quiere, para seguir con el alumno vago, no pudieron copiar en el examen final y se rajaron.

Respecto al reclamo de Alberto Gamero y la dirigencia y jugadores del Chicó, pues, tienen razón. No hubo falta visible de Perlaza, pero el juez, para no perder la tradición, dirá en su informe que lo asiste el derecho de apreciación y que él sancionó porque “vio falta”. Será la eterna discusión de siempre. Particularmente creo que los involucrados en el fútbol deben aprender una lección, lo que hoy te quitan, mañana te lo dan. El problema del Chicó es que se lo quitaron en el momento de jugar todo y queda claro que no fue culpa del Cúcuta la equivocación.

Lo cierto es que las finales, que comienzan el miércoles, permitirán a todos los equipos disfrutar de idénticas opciones. Nadie arranca como favorito, así hayan sido los mejores en las dieciocho fechas precedentes. En 180 minutos, puede saltar la liebre y aparecer las sorpresas.

 

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