Por: Marcos Peckel

No es el fin de la yihad

El carácter descentralizado del grupo terrorista Al Qaeda, operaba como una franquicia, hace que la victoria sobre el terrorismo global esté lejos de ser una realidad.

Sin duda alguna la muerte de Osama bin Laden en una operación de las Fuerzas Especiales del Ejército norteamericano y la CIA es un gran triunfo para los Estados Unidos, su proyección de poder global y su presidente, Barack Obama, días después de anunciar su intención de buscar la reelección. La caída del líder que personificaba desde antes de septiembre 11 el rostro del terrorismo global y quien en 1998 lanzó su “yihad contra los cruzados”, tiene un gran simbolismo.

Sin embargo, no es el fin del terrorismo yihadista ni de Al Qaeda. Decía un jefe de los servicios secretos de Israel, que la lucha contra el terrorismo es como “vaciar el mar con una cuchara”. Al Qaeda, más que una organización centralizada, es una ideología con franquicias completamente independientes que operan en varias regiones, entre otras, el Magreb, Somalia, Yemen, Arabia Saudita, Mauritania, Indonesia y Filipinas.

Las guerras comenzadas por Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo y Al Qaeda hace tiempo trascendieron su manifiesto objetivo primario. En Afganistán, Al Qaeda desapareció hace años y Estados Unidos y sus aliados están embarcados en una guerra civil contra los Talibán y la muerte del líder terrorista poca influencia tendrá en este conflicto interno. Sin embargo, su caída podría posibilitar alguna negociación entre el gobierno de Karzai y los Talibán. De esta manera se abriría el camino para que Obama pueda cumplir su promesa de retirarse de Afganistán, preferiblemente antes de las elecciones de 2012.

En Irak, Al Qaeda no es más que una banda de fanáticos sunitas cuyos líderes han ido cayendo uno tras otro, primero Al Zarkawi, después Al Bagdadi y no constituyen sino un exiguo factor de perturbación sin peso alguno en la política interna de Irak. Hay que recordar que Sadam Husein era un enemigo acérrimo de grupos como Al Qaeda y la guerra contra el terrorismo simplemente le sirvió de excusa a George W. Bush para invadir al país.

Las mayores secuelas e interrogantes de este capítulo están en Pakistán, su gobierno, sus servicios secretos y su relación con Estado Unidos. ¿Cómo es posible que el terrorista más buscado del mundo pueda construirse una guarida-mansión a pocos kilómetros de la capital Islamabad y de la sede del Ejército y servicios secretos en Rawalpindi? A través de Wikileaks se filtró que Al Qaeda y los Talibán afganos recibían asistencia de elementos en el interior de los servicios secretos de Pakistán, el muy temible ISI, que siempre ha operado como una rueda suelta, apoyando a los Talibán en Afganistán y a los grupos terroristas islámicos de Cachemira que operan en el interior de India, incluso en abierta contravía a la política oficial del gobierno pakistaní. ¿Le habrá dado el ISI protección al líder de Al Qaeda?

Bin Laden y su grupo tienen una gran cantidad de seguidores en Pakistán, los cuales muy posiblemente busquen vengar su muerte, máxime si se comprueba que el ISI o el gobierno colaboraron en la operación estadounidense. A Pakistán, que desde hace años está sufriendo atentados suicidas, asesinatos políticos y una gran desinstitucionalización, le esperan días más aciagos aún.

 * Analista internacional

 

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