Por: Piedad Bonnett

“No es hora de callar”

No es sólo que los medios electrónicos propician la denuncia, sino que cada vez hay más conciencia de hablar de lo que siempre estuvo silenciado. Primero se conoció el abuso sexual de los jugadores de Santa Fe, que creyeron que podían violar a una mujer por ser prostituta, atrocidad a la que echaron tierra sus directivas. Luego, la magistrada Stella Conto denunció valientemente la violencia sicológica a la que fue sometida por su marido, Virgilio Albán Medina, violencia de la que poco se habla porque no es fácil de demostrar, y porque la víctima suele demorarse en reaccionar, postrada por la humillación y el miedo.

Después vino el escándalo sobre Andrés Villamizar, el representante al que Verónica Pinto, madre de un bebé, denunció por agresión en estado de embriaguez. Villamizar le pegó con tal fuerza que Medicina Legal le dio incapacidad de diez días. Sólo mencionaré un antecedente: su marido la había tratado de asfixiar una vez y los vecinos llamaron a la Policía. Ella habla también de violencia psicológica y de una depresión —probablemente posparto— que la llevó a una clínica y de la que él se aprovecha para tildarla de “loca”. Todo parece indicar que Verónica a la violencia reaccionaba con violencia. Pero el video que llegó a la revista Semana estremece porque es un vivo ejemplo de cómo la mujer en esta sociedad es vapuleada por los machos con la mayor naturalidad del mundo. Al marido le parece correcto grabarla mientras ella llora a gritos. Y el padre, el técnico de fútbol Jorge Luis Pinto, que la tiene agarrada del brazo, cuando Verónica se queja —“todo el mundo me agrede, todo el mundo me insulta”—, le dice: “porque tú te mereces eso”. Ella le pide que la suelte. Cuando lo logra y coge un cuchillo para agredirse, el padre le pega con una violencia inusitada y le dice estas palabras significativas en un mundo patriarcal: “para que aprenda a respetarme”. Todo esto delante de un policía, que fue el de la idea de grabar. Qué vergüenza.

Simultáneamente, la revista Vice Colombia recogió el testimonio de once periodistas jóvenes —¡11!— que denuncian los casos más aberrantes de acoso laboral por parte de Fernando Quijano, director de La República, quien antes trabajó en El Colombiano y los hizo víctimas de sus iras, insultos y humillaciones. A una secretaria “el tipo no la bajaba de hijueputa bruta”; a una periodista la llamó “gusano”, a otro “hijueputa animal”. Según los testimonios, esta joya de persona les tiraba encima los trabajos que no le gustaban, les decía “vos no servís para nada”, los ponía a hacer planas para que corrigieran sus errores y a las mujeres las criticaba por “mal vestidas”. A una tuvo el descaro de decirle: “Vos tenés que demostrar yo por qué te ascendí, o la gente va a decir que porque sos bonita yo te estoy comiendo”. Qué asco. Quijano escribió a Vice una carta donde no se ocupa de negar nada sino de hablar de la mediocridad de los periodistas, y se queja de que las denuncias sean anónimas. ¡Cómo si no supiera a lo que se exponen en una sociedad donde los poderosos se amangualan! Pero lo peor no es eso: en una carta a Quijano, 20 periodistas lo defienden y le dan las gracias porque aunque “…recibimos sus «puteadas» también”, ¡les enseñó mucho!

Así de naturalizada está nuestra violencia.

 

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