Por: Guillermo Zuluaga

No es Peláez; el problema es el fútbol

“A veces cuando voy en el carro, veo chicos jugando al lado de la vía y detengo el carro para verlos jugar en esos potreros”. En esta vivencia de Alfonso Senior, el dirigente más ilustre que tuvo nuestro fútbol, contenida en el libro Empatamos 6 a 0, Fútbol en Colombia 1900-1948, he pensado mucho en estos días, máxime en la noche del domingo cuando el Deportivo Independiente Medellín en un simplón comunicado manifestó que Juan José Peláez no iba más como director técnico.

Y pienso que el problema no es Juan José Peláez; el problema es el fútbol. Sonará muy curioso decir esto, a pesar de la tinta que le he dedicado al tema. O quizá por ello. Vuelvo y digo que el problema es el fútbol, deporte que hace rato dejó de ser eso que tanto le gustó a Senior: un juego con ciertas normas que brindaba la posibilidad de apretar lazos de amistad entre chicos en un improvisado campo de juego o de ocupar un tiempo libre al final de una jornada laboral; o ser el espacio de convivencia en un recreo de un colegio. El fútbol ya no ese espacio para la amistad y la alegría. Se tornó negocio y posibilidad, como ninguna en estos tiempos, de ascenso social.

El problema no es pues un director técnico. No hay que buscar la fiebre en las sábanas. El tema acá pasa por el fútbol, que atrae a unos “dirigentes”, como en este caso los del Medellín. El uno, el visible, un hombre afiebrado y formado para los negocios, de voz sibilina y meliflua con cierta capacidad para el verseo; el otro, el mayor accionista, comerciante que dejó sus ventas de frutas y de carnes en supermercados del Valle del Cauca y “con la menuda” que le rentan sus negocios llegó al equipo, argumentando que era un gran hincha. Que venía a aportarle al elenco de sus amores.

Del primero, a quien llamaremos “el Presi”, gracias a la convocatoria que tiene el fútbol, su voz de culebrero de plaza capta la atención de micrófonos y cámaras donde dice cualquier cosa y la gente tan pendiente le aplaude cualquier anuncio. Este hombre, con pinta de “bacán de barrio” —seguro es parte de su estrategia de mercadeo— formado para las ventas y de quien se dice que es muy inteligente, gracias al fútbol logra tener escenarios que seguramente lo catapultarán hacia el manejo de otro equipo —recordar que llegó de Millos— o a lo mejor a otra empresa más rentable. El fútbol le ha dado vitrina —que quizá no hubiera tenido en otras instituciones— para demostrar que sabe de negocios. Del segundo, a quien llamaremos “Donraul” y quien llegó haciéndose pasar como el Salvador del equipo centenario, a quien le dolía mucho lo que pasaba en el Medallo y quien decía que no venía a conseguir dinero, sino simplemente que lo hacía por el amor, bastó que pasara un par de meses como dueño para que, tras vender al jugador insignia, el tintineo de la máquina registradora le recordara que él realmente es un negociante: alguien para quien son más importantes los superávits que las pasiones que despierta un elenco de fútbol. Además, este comerciante, de escaso garbo en sus maneras, prontamente estuvo —en calidad de “dirigente”— sentado a manteles con la crema del fútbol suramericano, invitado de agasajos y fiestas con gente muy notable de la política, de la empresa, de la farándula incluso… Pronto se sintió tan halagado, agasajado, bienvenido, que se le olvidó que supuestamente vino a aportarle a un elenco que no mueve acciones en la Bolsa, sino que hace palpitar corazones.

Entonces, ahora, estos dirigentes —y que pueden ser cualquier otros—, tan contentos en sus privilegios, no aceptan que por buscar rentabilidades le desmantelaron el onceno a su timonel; tampoco consideran que un equipo sin ídolos ni referentes ahuyenta a la gente de los estadios y que eso reduce ingresos por taquillas; así que cuando no aparecen los resultados en la cancha —síntoma muchas veces de malestares internos—, para calmar a una hinchada molesta por los resultados, optan por la más fácil: despedir al técnico. Y así ellos siguen en lo suyo: pensando en negocios.

Se va Peláez y pronto llegará otro, porque en la lógica del capital siempre habrá mano de obra cesante y dispuesta. Así son los negocios. Y venido uno nuevo a manejar el equipo, se aquietarán las aguas unos meses, los suficientes para que, con un poco de suerte, mejore el rumbo del equipo y se sigan vendiendo jugadores, se sigan aumentando valores de las taquillas… y así, hasta que el nuevo DT tenga un traspiés y se cambie entonces de nuevo la pieza en este engranaje, esta máquina de hacer dinero y visibilidad social que también es ese fútbol que antes fue un mero juego…

Se va Peláez y mientras tanto muchos seguimos añorando por los seniors, pumarejos, gorayebs, arriolas, “chivas” cortés, mesas… Dirigentes más románticos y menos negociantes.

 

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