Por: Diana Castro Benetti

No es un ingrediente más

 No hay que confundirse. Las técnicas espirituales son eso, técnicas. Metodologías diseñadas por sabios que comprenden las más extrañas rutas para acceder a los mundillos interiores.

No hay que confundirse. Las técnicas espirituales son eso, técnicas. Metodologías diseñadas por sabios que comprenden las más extrañas rutas para acceder a los mundillos interiores. Rutas que indican posturas y silencios, pensamientos y sonidos, actitudes y metas.

Estas tecnologías del crecimiento interno presentan opciones, abren canales y desatascan trochas que andan ocultas y escondidas en algún lugar entre la conciencia, la mente y la célula más ínfima. Cada protocolo de trabajo interior tiene sus indicaciones, recomendaciones y hasta sus desventajas. Sugieren la rectitud de la espalda y la flexibilidad de las caderas. Ofrecen variedad de caminos, unos de oriente y otros de occidente, muchos del norte y los más cercanos, en el sur. Todos mezclados con lo que da la tierra y en la disyuntiva de tiempos, rituales y ortodoxias. Casi siempre, le añadimos visión, color, sabor y, eso sí, cada nueva indicación se hace más maravillosa que la anterior.

Pero hay un ingrediente esencial que solemos olvidar a la hora de la práctica cotidiana y está más relacionado con el sentido del por qué deambulamos en el planeta. Un ingrediente que no se ve pero que se siente; un añadido que hace toda la diferencia sin importar el camino, el equipaje o la sabiduría encontrada. Este ingrediente se confunde con el deseo, pero forma parte de él; se mezcla con el poder pero lo supera; se hace uno con todos pero respeta especificidades. Es el amor, ése que es amor único, amor compuesto, amor sin fronteras y amor por siempre; amor que también puede ser amor sin amores, amor de colores, amor sin condiciones. Amor que es la esencia misma de cualquier apuesta interna y el olvido mayor cuando de espiritualidad se trata. Soplo tan divino como cierto, es amor simple y sencillo, cotidiano, de madrugada y de vacaciones, mezclado con piernas y sueños, amor que va más allá de un cuerpo o de una idea, amor por el todo y por la nada. Amor que no sabe de contradicciones ni obstáculos ni demoras. Amor siempre oportuno. Alegría de vida.

Cada tecnología espiritual tiene su verdad, su itinerario y sus desafíos. Entre éticas y haceres, los ojos cerrados y la respiración atenta es siempre el truco mayor pero es la pizca de amor el ingrediente esencial. Es el ábrete sésamo para la alquimia real, la magia concreta y la transformación infinita de esta rueda cósmica mayor en la que andamos, giramos y gozamos.

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