Por: Ramiro Bejarano Guzmán

No estamos lejos

La prueba de que el proceso de La Habana va por buen camino y que la paz sí puede estar cerca, son las declaraciones de los uribistas alegando que todo va mal.

Esos pesimistas que quieren que regrese la guerra que ellos tampoco pudieron ganar, se quedaron con los crespos hechos en cuanto se conocieron los acuerdos hasta ahora conciliados entre Gobierno y Farc.

Los tres documentos que se han conocido permiten afirmar que las conversaciones de La Habana son serias y fructíferas. Lo que han logrado los voceros del Gobierno es importante, porque han tenido la paciencia de un relojero para llegar a tres acuerdos densos sobre temas sensibles y difíciles.

Quedó claro que no se entregó el país a la insurgencia ni se pusieron en riesgo las instituciones, como lo sugerían Ordóñez y Uribe, y también que se han sentado los mojones para que algún día haya paz.

En materia de la apertura democrática, por ejemplo, es imposible desconocer el acierto de la recomendación de abogar para que otras fuerzas “tengan acceso a espacios en canales y emisoras en los niveles nacional, regional y local”, así se hayan omitido los periódicos. Lo propio puede decirse de la creación del Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política, como una garantía para que los marginados puedan asomarse al excluyente universo de la vida pública. Claro, hay cosas que habrá que revisar, como la del acompañamiento del Ministerio Público en las movilizaciones y protestas, no sólo porque el experimento fracasaría si se inicia en el reinado del troglodita de Ordóñez, sino porque esa es una función propia de la Defensoría del Pueblo, claro, para cuando no esté dirigida con criterio politiquero.

En lo que tiene que ver con la solución al problema de las drogas ilícitas, ambas partes han desplegado magníficos esfuerzos. Así lo sugiere el diseño de la sustitución de cultivos de uso ilícito y la creación de programas ambiciosos, en los que se ha tenido el cuidado de incluir como protagonista a la mujer. La extinción de la acción penal contra los pequeños agricultores que renuncien a los cultivos ilícitos es un buen inicio de una sustitución segura. También es de destacar el compromiso de crear el Programa Nacional de Intervención Integral frente al Consumo de Drogas Ilícitas y la implementación del Sistema Nacional de Atención al Consumidor. ¡Colombia sin coca!

El acuerdo sobre la reforma rural integral es histórico. La regularización de la propiedad, la creación del Fondo de Tierras de Distribución Gratuita, priorizando a la mujer cabeza de familia, es poner el dedo en la llaga de las causas, la prolongación y la solución del conflicto. La implementación de los diferentes Planes Nacionales sobre vías terciarias, riego y drenaje, electrificación rural, salud rural, vivienda y agua potable, fomento a la economía solidaria y cooperativa rural, asistencia integral técnica, apoyo y consolidación de ingresos de la economía campesina, protección social y de garantía de los trabajadores rurales, seguridad alimentaria y nutricional, confirman que se trata de un trabajo responsable y profundo.

¿Por qué nunca antes se había hecho algo parecido? Si en vez de haberles echado bala en Marquetalia para satisfacer la intolerancia conservadora, se hubiera dialogado con los pocos insurgentes de entonces, probablemente nos habríamos ahorrado medio siglo de barbarie. Así no se firme nada en La Habana —lo que sería algo más que una tragedia nacional— estos papeles construidos durante todo este tiempo de zozobra y comentarios malintencionados de la derecha, encabezada por el perverso procurador Ordóñez, constituyen la mejor aproximación al origen de nuestra violencia, como también al diseño de alternativas posibles para solucionar de una vez por todas esta guerra.

Hay que respaldar el proceso de paz, así sea lo único que haga el gobierno de Santos II. Más ahora que parece ser posible la quimera esquiva de vivir en paz. Por eso, en últimas, a regañadientes votamos muchos colombianos.

 

Adenda. Excelente que avance el proyecto de equilibrio de poderes eliminando la reelección presidencial.

 

 

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