Por: Pedro Viveros

No fueron Serpa, ni Vargas, ni Petro. ¿Entonces quién?

Horacio Serpa la tuvo en 1998; Vargas Lleras en 2014 y Gustavo Petro en 2018. ¿Alguien las encarna en estos tiempos convulsos de la vida política en nuestro país?

Según el diccionario de la Real Academia Española (rae.es), la palabra oportunidad significa: "Momento o circunstancia oportunos o convenientes para algo". Así como  discurso quiere decir: "Reflexión, raciocinio sobre antecedentes o princios". Estos dos vocablos, entrelazados, hacen realidad las aspiraciones de acceder al poder en las democracias actuales. En otros téminos, discurso sin oportunidad no tendría auditorio y oportunidad sin discurso sería algo vacuo.

En la historia reciente de Colombia, Horacio Serpa tuvo esa posibilidad porque su discurso social y de paz, además de la defensa a ultranza de un Partido Liberal mayoritario en ese momento, permitía ver con viabilidad dicha opción de poder. Esta oportunidad y discurso solo se le presentarían en 1998. Después, en sus dos siguientes aspiraciones, aquellos dos términos no volvieron nunca a asomarse por los lados del santandereano.

En 2010, el exvicepresidente Germán Vargas Lleras presentó su posibilidad presidencial con mucha energía y buenos resultados. Tan claves para su perfil que lo catapultaron hasta convertirse en la figura central del primer gobierno de Juan Manuel Santos. La conjugación de oportunidad y discurso se le presentaría solo una vez más: en 2014. En dicho año, tanto el país como los cambios en materia discursiva del gobierno que buscaba la paz de forma afanosa, dejaban a Vargas el camino para ser el candidato de la “mano férrea” (ideología que lo caracteriza). Decidió posponer sus anhelos presidenciales y sumarse como fórmula de Santos II. Para el 2018, tanto la oportunidad como el discurso le fueron esquivos. Los colombianos buscaron una alternativa coherente, Vargas Lleras no la encarnaba.

Gustavo Petro, exitoso y fogoso parlamentario, con menguados resultados en su gestión como acalde de Bogotá, divisó que su momentum y verbo era en 2018. Casí lo alcanza. Logró polarizar con sus encendidas ideas y capacidad histriónica, al punto que obtuvo la votación mas alta que un candidato de izquierda haya alcanzado en la vida democrática colombiana. Pero su radical lucha contra la corrupción, desde la aparición de un video donde recibe bolsas de efectivo, se percibe de otra manera. Asi como la velada defensa a Nicolás Maduro, lo vuelven vulnerable en su posible futura oportunidad y lecciona su discurso.  

En la actualidad, a “años luz” de la proxima elección, comienzan los atisbos en materia de discurso y oportunidades para el 2022. Rescataría para esta primera “apostilla” en materia de cábalas de nuevos liderazgos lo que hace Alejandro Gaviria. Este exministro de Salud, decano de Economía de los Andes, académico, columnista y escritor (creo que esto último es lo que mas le gusta), es un hommus politicus  más que un político. Hace política por medio de un discurso, sin votos. Cuando uno lee su libro, “Alguien tiene que llevar la contraria”, compuesto por 12 ensayos sobre diversos temas, al final de cada uno infiere que Gaviria tiene una hipótesis sobre el “cómo” debe ser nuestro país. Una mezcla de Alberto Lleras y Michael Ignatieff (el liberal profesor de Harvard  y candidato a primer ministro de Canadá), quienes cada uno en su órbita, desplegaron sus opiniones profundas para incidir en sus respectivos ambitos. ¿Quién sabe si tenga la oportunidad?

@pedroviverost

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