Por: Santiago Villa

No hay carbón limpio

Los recientes cambios en el mercado del carbón auguran un camino difícil para la defensa del medio ambiente.

 “El carbón debe cambiar rápido y dramáticamente por el bien de todos”, dijo ayer Christina Figueres, directora ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. La industria, sin embargo, está en expansión. Los precios del carbón caen y la demanda histórica aumenta.

Las dinámicas de industrialización globales han generado una profunda transformación en los patrones de consumo de carbón. El panorama no es el mismo que a finales de siglo XX, y por ello los desafíos para reducir el consumo son mayores.

Hace 8 años la mayoría de carbón que empleaban las naciones industrializadas para la producción de energía era el que tenía más calorías por kilogramo (unas 6.000). Es el tipo de carbón que se produce, por ejemplo, en El Cerrejón.

El carbón de una menor calidad, que es el que tiene menos calorías por kilogramo, prácticamente no se exportaba a Estados Unidos o a Europa. Había plantas de energía en Sudáfrica, por ejemplo, que podían procesarlo, pero su mercado era limitado.

A partir de mediados de la primera década del siglo XXI esta situación cambió. La India y la China, dos súper potencias emergentes de Asia, alteraron las dinámicas de consumo del carbón, en especial del que tenía una menor calidad.

Durante esta década, India y China han inaugurado plantas de energía similares a las de Sudáfrica, que pueden procesar el carbón de menor contenido calórico, o carbón RB3, como se le conoce en la industria (con unas 5.500 calorías por kilogramo).

Christina Figueras pide un cambio rápido y dramático en el consumo del carbón. Desafortunadamente, el cambio rápido y dramático en efecto se produce, pero para perjuicio del medio ambiente. Desde hace cinco años un carbón que hallaba pocas salidas comerciales se ha convertido en el codiciado combustible de las locomotoras industriales de Asia.

Esta semana se celebran en Varsovia, Polonia, dos eventos simultáneos y contradictorios: por un lado, la Cumbre Internacional de Clima y Carbón y por otro la Conferencia de las Partes de la Convención de Cambio Climático de Naciones Unidas. La primera fue financiada por la industria del carbón y la segunda por Naciones Unidas, que a la larga es financiada con dinero de los contribuyentes de todos los países del mundo.

El primer evento fue convocado por la Organización Mundial del Carbón, y allí las industrias procuran hacer un llamado para que se “utilicen de inmediato las tecnologías de combustión de carbón de baja emisión y alta eficiencia, como un paso inmediato a reducir las emisiones de gas que genera el efecto invernadero”.

En la otra, los científicos convocados por Naciones Unidas responden: “No estamos diciendo que no haya un futuro para el carbón, pero la combustión de carbón sin límites no es compatible con mantenerse por debajo del límite de 2 grados centígrados, nos guste o no”.
En otras palabras, la única solución es limitar el consumo de carbón. No se trata de una controversia con respecto a un concepto técnico. La realidad es que no hay carbón limpio.

Glencore Xstrata, la empresa que exporta la tercera parte del carbón que se extrae de Colombia, posee tierras que pertenecían a campesinos desplazados de la Jagua de Ibirico, departamento del Cesar. Hasta la fecha las tierras no han sido devueltas a sus propietarios originales y legítimos. La abogada que representa a las víctimas, Ludys Pedraza, sufrió hace ocho semanas una reducción a su esquema de seguridad. He dicho que en estas columnas trataré este tema hasta que se restituya el esquema que le fue reducido.

Twitter: @santiagovillach

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