Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

No hay con quién

Cuando al subpresidente Duque lo acosan las encuestas, recurre a la estrategia de invitar a sus aliados a un acuerdo nacional y le inquieta la polarización a la que él y sus coyotes de Palacio —expresión afortunada de Cecilia Orozco— han contribuido. Son ellos quienes se han empeñado en dividir a partir de falacias y calumnias, como la de hacerle creer al país que quienes no estén de acuerdo con las atropelladas objeciones presidenciales a la ley de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), en las que los metió el fiscal Martínez, son narcotraficantes o criminales.

Es ingenua, por decir lo menos, la actitud de Cambio Radical, de la U y del liberalismo de atender la calculada citación que les hicieron de la “Casa de Nari” y proporcionarle un salvavidas a un Gobierno que, como sigan así las cosas, a lo mejor obligará a que Duque tenga que hacerse a un lado. No hay posibilidad alguna de que desde el Gobierno se pueda, sin haber invitado la oposición, liderar ni concretar un acuerdo con los demás partidos, ni menos acabar con la asfixiante polarización que diariamente incendian los furiosos tenientes del Centro Democrático (CD).

La primera razón que dificulta ese acuerdo es la de que Duque no puede decidir solo y siempre tiene que contar con el presidente eterno y el CD, de quienes ya se sabe que lo que quieren es hacer invivible la república, como cuando Laureano Gómez, para poder convocar una constituyente, donde esperan derogar la prohibición de la reelección y asegurarle a su jefe el regreso en persona al poder y ya no a través de un títere.

Mientras el uribismo no cambie de actitud es imposible dialogar con ellos. La altanería, el tono encendido y la vulgaridad no permiten ninguna forma de aproximación. Por ejemplo, el detalle inofensivo de que un exguerrillero de las Farc socorrió a José Obdulio cuando se desmayó en el Congreso, sirvió para que varios alfiles uribistas se mostraran indignados en vez de agradecidos. Semejante mezquindad hace suponer que si a quien le hubiera dado el síncope hubiese sido un opositor los uribistas no lo habrían auxiliado.

Aparatoso dialogar con una persona como el senador Carlos Iván Mejía del CD, a quien no se le ha visto una sola intervención serena y argumentada, sino posturas ferósticas e insultantes, como las de esta semana cuando, manoteando y de pie, llamó bandido a quien expresaba opinión diferente. No hay diferencia con Uribe, quien llamó tres veces sicario a Petro, en vez de haber respondido dialécticamente sus acusaciones. Ni la hay tampoco con el marrullero presidente del Senado, Ernesto Macías, otro poseso, quien al juramentarse Duque incurrió en el abuso de pedirle que cambiara la cúpula militar para que llegara precisamente esta que por poco nos revive los “falsos positivos”. Y así hay otros casos igualmente dicientes.

Enterrar la polarización requiere grandeza para asumir las culpas mutuas y obligarse a no hacer de la diatriba una forma de comunicación. Sorprende la advertencia del presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, sindicando a la clase política de la polarización, según él, por su afán de visibilidad y de conseguir votos. Sin duda los políticos tienen responsabilidad, pero que los empresarios no vengan a decir que ellos han sido unas mansas palomitas y apenas espectadores del deterioro de la convivencia. Desde siempre, pero sobre todo en los últimos tiempos, los industriales, con poquísimas y secretas excepciones, han tomado partido por todo lo que hace y deja de hacer Duque, sin conceder un mínimo espacio al error o a la opinión disidente. Para no ir muy lejos, ellos, que a mañana y tarde ofrecen declaraciones sobre lo divino y lo humano, no han abierto su boca para referirse al intento de revivir la política militar que condujo a los “falsos positivos”, que de lejos es el gesto más criminal, arbitrario y polarizante de este Gobierno.

Lo único que falta es que Néstor Humberto cumpla lo que anunció en una reciente entrevista, acerca de que él será el gran organizador de ese acuerdo nacional.

Adenda. Magistral la respuesta de The New York Times al ministro del Interior y al canciller sobre sus quejas por la noticia divulgada respecto del intento de regreso de los falsos positivos. Tiene razón el diario americano: “Duque y sus aliados de la derecha son los saboteadores de la paz”.

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