Por: Nicolás Rodríguez

No hay conflicto pero hay guerra

No solo las Farc tienen que reconocer a las víctimas, como en efecto parece que sucederá con el punto cinco de la agenda de discusión en La Habana.

También es necesario que lo hagan los uribistas.

Para las Farc, la idea misma de victimización es algo nueva. Siempre hablaron de una violencia al servicio de la revolución, con todo y lo moralmente reprobable que hoy nos pueda parecer. Las víctimas, por consiguiente, no eran un concepto digerible o tan siquiera problemático. En el mejor de los casos se asumían como las verdaderas víctimas de la guerra en Colombia. Y de ahí su pequeña o ninguna aceptación.

Los uribistas, que siempre gozaron de una enorme popularidad, tampoco izaron la bandera de las víctimas. En su diccionario político este es un término que aplica a unas personas en concreto y en determinadas situaciones. No es un universal como lo quisieran las leyes del derecho internacional humanitario. No todas las víctimas tienen la misma importancia, diría Uribe. Las de los falsos positivos, que ni siquiera son consideradas víctimas, no son comparables a las de la guerrilla.

Venimos entonces haciéndole fuerza a un proceso de paz que les permita a las Farc hablar el lenguaje de sus interlocutores, para que la posibilidad de una resolución del conflicto ocurra. Y en realidad nos topamos con que el uribismo no solo no conoce el dichoso idioma, sino que no está interesado en aprenderlo. O de plano se inclina por sabotearlo.

Si la mesa en Cuba se cae (o la tumban) y todos se paran, como en efecto parecería que tanta gente quiere, habrá llegado, por fin, el momento de entrar en otro tipo de negociaciones, apuestas y estrategias. En el ubérrimo, el paupérrimo o donde lo deseen. Si lo de La Habana termina y más de uno lo celebra, solo queda por ensayar un proceso de paz con el uribismo. Es una broma pero no es chistoso.

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