Por: Nicolás Rodríguez

No hay victimario sin víctima

EN COLOMBIA NO SIEMPRE SE HAbló de víctimas. Violencia hubo, se sabe, pero quienes padecieron sus efectos no eran necesariamente conocidos como tales

EN COLOMBIA NO SIEMPRE SE HAbló de víctimas. Violencia hubo, se sabe, pero quienes padecieron sus efectos no eran necesariamente conocidos como tales. Hoy por hoy, por el contrario, asistimos a un uso generalizado del concepto de víctima. Una situación potencialmente alentadora, toda vez que la palabra, por tanto tiempo omitida, ya hace parte del diccionario político de la paz y de la guerra.

Lo que uno quisiera que viniera, sin embargo, es tan o más complicado que el proceso anterior. Porque una cosa es aceptar que las víctimas existen, así, en abstracto, y otra muy diferente es que se las reconozca como depositarias de una identidad y unos derechos. La diferencia es abismal. Aunque organizadas, entrevistadas y monitoreadas, las víctimas también han sido amenazadas (y asesinadas).

Es más, entre éstas no siempre existe una unidad. Por el contrario, luchan entre sí por hacerse visibles y pueden entrar en verdaderos enfrentamientos. Algunos sectores de la sociedad, además, guardan sus afectos para determinadas víctimas, que reconocen como tales, al tiempo que niegan la existencia de las otras. Se sabe, por ejemplo, de la presencia de las víctimas de la guerrilla, pero entre éstas tuvieron prelación, durante años, las del secuestro. De un tiempo para acá han ganado espacio las del paramilitarismo, pero difícilmente se aceptan, contra toda evidencia, las del propio Estado.

Con todo, el universo es diverso, como prolongado el conflicto. Hacia allá va entonces encaminada la ley de víctimas, al parecer con mejor suerte de la que tuvo durante la era Uribe, cuando se llegó a aceptar, sin pudor alguno, que la condición de víctima dependía del victimario.

Para que la palabra víctima, que ya está llegando al límite de su banalización, tenga una repercusión real en aquellos que designa, es preciso que cobre vida una ley incluyente, acaso tan generosa como la que le abrió el camino a la desmovilización de algunos de los victimarios.

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